Recuperar a Nuestro Niño Interior-primera parte

Recuperar a Nuestro Niño Interior.(primera parte).El proceso de recuperar a nuestro Niño/a Interior.Este proceso implica cierta dosis de perdón.El perdón sana el pasado y libera nuestras energías para el presente.

Recuperar a Nuestro Niño Interior.(primera parte)
Recuperar a Nuestro Niño Interior.(primera parte)

Desmitificar a nuestros padres.
El prefijo “des” se usa para indicar la inversión de una acción.Un “mito”,hace referencia a los atributos reales de un objeto u acontecimiento.Se nos causó un daño,que necesita ser aceptado.Pero,no pudieron hacer otra cosa más que la que hicieron.

Recuperar a Nuestro Niño Interior.(primera parte)
Recuperar a Nuestro Niño Interior-primera parte

Desmitificar el pasado


Ellos eran niños actuando según sus propias frustraciones.
Cuando desmitifico mi pasado y reconozco el carácter ambivalente y trágico de toda acción humana,puedo descubrir una nueva posibilidad para transformar el significado de lo sucedido.
Experimentar los sentimientos es rescatar este dolor original.

Soltar los resentimientos


El perdón nos permite alejarnos de nuestros padres.Nuestro sufrimiento congelado originó los profundos resentimientos que nos mantuvieron unidos a ellos.Los resentimientos generan que recibamos los mismos sentimientos una y otra vez.(re-sentir).

Deseamos separarnos de nuestros padres


Por eso nuestro Niño/a Interior herido nunca desea separarse de nuestros padres.
Mientras gastemos mucha energía en odiarlos secretamente,permaneceremos unidos a ellos ,y esto nos impedirá crecer.

El perdón sana nuestros resentimientos y nos permite divorciar a nuestro Niño de las voces avergonzantes de nuestras figuras paternales internas.
El perdón es la forma en que dejamos el hogar internamente.
Nuestra obligación básica es nuestra propia vida.

Recuperar a Nuestro Niño Interior.(primera parte)
Recuperar a Nuestro Niño Interior.(primera parte)
Ejercicio para sanar Nuestro Niño Interior

Imagina tu etapa de la niñez. ¿Cómo eras con aproximadamente 8 años? Trata de visualizar cómo eras físicamente y, si te cuesta, puedes mirar alguna foto para refrescarte la memoria y captar todos los máximos detalles posibles.



Ahora haz un ejercicio de visualización e imaginación. Imagínate a ti mismo de pequeño, en tu habitación solo, ¿qué hacías cuando estabas en tu cuarto a solas? Imagina aquella etapa de la niñez, ve al pasado y recuerda cada detalle. Qué muebles había en tu cuarto, de qué colores, a qué jugabas, etc. Cuantos más detalles reales instales en la imaginación, mayor efecto tendrá el ejercicio.



Ahora imagínate a ti mismo como eres ahora. Imagina que estás entrando a la habitación que tenías cuando eras pequeño. Abres la puerta y ves a un niño cabizbajo, inseguro. Ese niño eres tú cuando eras pequeño. En la habitación estás tú, tal y como eres ahora, acompañado por un niño, que es el de la etapa de tu infancia.¿Y esto para qué sirve? Para sanarte de las heridas del pasado. Tu persona adulta puede conversar, acariciar al niño que fue, usando la imaginación.



Acércate a ese niño herido, sensible, temeroso y pregúntale qué le pasa. Ahora puedes comprenderle, besarle, abrazarle, darle protección, apoyo, amor… Hazlo, trátate como te hubiera gustado que te trataran en la niñez. Dale cariño y comprensión, abrázalo fuerte y dile que a partir de ahora estará a salvo, que lo cuidarás y aceptarás como se merece.

 

 
En el Niño Interior reside toda nuestra autenticidad y espontaneidad; nuestras ilusiones y nuestros deseos más profundos yacen en él resguardados de todos los mandatos que hemos interiorizado y de todas las renuncias que hemos hecho para “adaptarnos” o para “encajar”.


Por eso, cuando nos desconectamos del Niño, muchas veces nos quedamos sin motivación, inhibidos, sin saber cómo continuar: hemos cortado lo más vital de nuestro ser, la parte que pugna por crecer y descubrir.

Podemos también quedar atrapados por la timidez o la falsedad, dos modos de ocultar lo que verdaderamente somos.

Si hemos enterrado a nuestro Niño en un lugar demasiado profundo, la vida comenzará a parecernos anodina, pues es el Niño quien posee la capacidad de asombro, es él quien puede maravillarse frente a las cosas más sencillas y encontrar el valor que la vida tiene por sí misma sin ni tan siquiera preguntarse por ello.

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