Ramesh Balsekar-El buscador es lo buscado

  • silvina 

Ramesh Balsekar-El buscador es lo buscado.El conocimiento de uno mismo y los problemas de la vida.

Una mañana, la sesión se vio alegrada con la visita de un famoso personaje
social y político, un diplomático indio retirado, cuya presencia contribuye por
lo general a una discusión animada y jovial. Esa mañana el tema era si pueden
compaginarse el conocimiento de uno mismo y la vida práctica en el mundo, si son
complementarios o si más bien se contraponen.
A este visitante no sólo no le es desconocida la enseñanza de Maharaj, sino que
se ha impregnado de ella con sinceridad, aunque parece que de vez en cuando sus
tendencias a la catarsis social y política suelen provocarle una sensación de
inestabilidad espiritual, lo cual le indica la necesidad de un curso rápido de
repaso. Aparte de esto, quiere entrañablemente a Maharaj y no le importa
recorrer una distancia de casi 170 kilómetros hasta Bombay para verlo.
Su pregunta fundamental era: ¿Puede un hombre honestamente permitirse ocupar su
tiempo en meditar absorto sobre el yo y dejar de lado los muchos problemas
sociales y políticos que hay en la nación y en el mundo?

Ramesh Balsekar-El buscador es lo buscado
Ramesh Balsekar-El buscador es lo buscado

El elemento más reconfortante de las conversaciones de Maharaj es su singular
enfoque de los problemas que se le plantean. El dice que debemos olvidar la
maraña conceptual que crece con rapidez envolviendo cualquier tema, así como las
instrucciones de los textos sagrados tradicionales, y volver a los fundamentos.
Maharaj abordó entonces el problema planteado por este distinguido visitante con
su habitual brío.
Ocupémonos del problema, dijo, tú y yo, ahora. Ha habido en el mundo un gran
número de personalidades importantes y avatares durante los pasados tres
milenios. Cada uno de ellos ha dictado su propia lista de reglas, dependiendo de
su particular concepto de lo bueno y de lo malo y de las necesidades del momento
según las concibieron. Hasta aquí todo está bien. Preguntémonos ahora: ¿Qué han
logrado todos estos grandes hombres y avatares? ¿Han podido provocar el más
pequeño cambio en el comportamiento del hombre o de la naturaleza? Debe de haber
alguna razón -una razón fundamental- por la cual no han tenido éxito. ¿Podría
ser que el problema mismo haya sido comprendido o percibido erróneamente?
¿Podría ser que el hecho de atacar el problema de modo directo sea como atacar
las cabezas de la Hidra, las cuales son remplazadas por otras al cortarlas, y
que la única forma de aniquilar a la Hidra sea localizar su corazón y ahí
herirla?

Ramesh Balsekar-El buscador es lo buscado
Ramesh Balsekar-El buscador es lo buscado
Ahora bien, dijo Maharaj, ¿cuáles son los elementos básicos de cualquier
problema de índole social, política, económica o de cualquier otra? ¿Con qué nos
encontramos cuando reducimos el problema a sus elementos básicos? Estos
elementos son: yo, tú (que representan los millones de personas) y el mundo
físico. ¿Qué encontramos al analizar estos elementos básicos? Todos los yo y tú
y la tierra, el cielo, la luna y las estrellas, ¿no son todos meras imágenes
conceptuales en la conciencia? Toda existencia es objetiva. Todos los yo y tú
existen como uno de tantos objetos en la conciencia que los concibe. Y en lo que
respecta al "mundo" o al "universo", ¿se trata de algo diferente en esencia del
mundo que creas en tus sueños (o, para decirlo de manera más adecuada, del mundo
que se crea en tu conciencia del estado de sueño), el cual está constituido por los mismos elementos y es habitado por el mismo tipo de personas, incluyéndote a
ti, que constituyen y habitan lo que denominas mundo "real"? Tu mundo "real",
podrías decir, ha existido mucho antes de que tú nacieras. Bien, en tu mundo de
sueño hay también mares, montañas, edificios y personas que obviamente han
existido por mucho, mucho tiempo. ¿Vas a solucionar los problemas sociales y
políticos de la gente de tu sueño personal?
¿No es cierto, por lo tanto, prosiguió Maharaj, que el corazón de la Hidra -la
raíz del problema- es la conciencia, en la que aparece el universo entero? ¿No
es, de hecho, la conciencia la Hidra? ¿Y no es la conciencia aquello hacia lo
que ha de dirigirse toda la atención; hacia su naturaleza, la causa de su
apariencia y otros factores importantes? Puesto que en la conciencia es donde
aparece el mundo fenoménico en su totalidad, se sigue necesariamente que toda
manifestación sólo puede ser perceptible sensorialmente si se extiende en el
espacio y tiene una duración en el tiempo. Es necesario, por lo tanto, aceptar
la existencia puramente conceptual de la estructura física del espacio-tiempo
como una condición para la percepción del universo manifestado.
Esto nos lleva a las siguientes conclusiones:
  1. Sin el concepto de espacio y tiempo el universo manifestado no sería
    sensorialmente perceptible, y, por lo tanto, todo suceso fundado en la causa y
    el efecto y extendido en el espacio y el tiempo, debe asimismo ser sólo
    conceptual.
  2. Si el universo manifestado es tan sólo una apariencia (en ausencia de la
    conciencia no puede por sí mismo existir), entonces es el reflejo de algo que
    existe (está presente) por sí solo.
  3. Los fenómenos, en consecuencia, son el aspecto objetivo del noúmeno, que es
    potencialidad total: la totalidad de lo conocido en la infinitud de lo no
    conocido. La conciencia no puede emplearse para trascender la conciencia y, por
    ende, el noúmeno constituye el parámetro externo del conocimiento.
  4. El noúmeno -aquello que es- sólo puede ser, y puede ser únicamente ahora. En
    ausencia del espacio-tiempo conceptual, no puede haber ningún «dónde» o «cuándo»
    en el que una «cosa» sea. Ahora que nos percatamos de que el «mundo» (en el cual
    deben resolverse problemas) es tan sólo una apariencia, volvamos al yo y tú que
    supuestamente han de resolver los problemas del mundo. Antes de que comencemos a
    identificar los problemas del mundo y procedamos a solucionarlos, ¿no deberíamos
    identificarnos nosotros mismos?
    Somos, en términos relativos, seres sensibles y queremos «hacer» algo para
    solucionar los problemas del mundo. ¿Puede un ser sensible, que es él mismo
    conceptual, hacer algo que no sea conceptual? ¿Qué hacemos desde que amanece
    hasta llegar la noche (excepto en el sueño profundo) que no sea objetivar
    continuamente? ¿Y acaso el cuerpo humano, que en realidad no es más que un
    aparato sico-somático, es capaz de «hacer» otra cosa que no sea crear imágenes e

interpretaciones ilusorias? Lo que sea que pensemos, sobre nosotros mismos (y
esta imagen está en constante cambio y no es estable en lo más mínimo), no
podemos ser sino una parte integral del funcionamiento y manifestación total y
de ninguna manera podemos separarnos de ella. Tenemos una mejor comprensión de
esto en el caso de un sueño personal, el cual podemos reconsiderar al despertar.
Lo que en el sueño aparece como uno mismo, con una identidad independiente, se
ve con claridad (al examinarlo después de, despertar) como carente por completo
de una sustancia independiente, como un simple títere que es manipulado. ¿Hay en
realidad alguna diferencia con el mundo que consideramos «real»? Reflexiona al
respecto.
¿No podría ser que soñamos que estamos despiertos, que soñamos que estamos
dormidos y que todo el tiempo la vida está siendo vivida como un producto de la
mente que sueña, al proseguir la objetivación en la conciencia? ¿Y qué es la
conciencia misma sino sólo un concepto que ocurre como un eclipse del noúmeno
con una cierta duración?
Si esta situación se percibe de manera directa, intuitiva, sabremos entonces
que, en términos relativos, somos la presencia conciente, la conciencia que
anima y no el objeto fenoménico al que da sensibilidad. Cuando vemos lo falso
como falso, el problema se resuelve. Nosotros somos el contenido de este sueño

viviente, actores de este drama que es vivir. Y los actores sólo representan sus
papeles, nada más.
El distinguido visitante escuchó a Maharaj con una quietud desconcertada, sin
palabras para expresar lo que pensaba o sentía.

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