Qué buscas realmente-Tercera parte

Qué buscas realmente-Tercera parte.Maya puede ser muy sutil y engañosa y seducirte haciéndote entrar en maravillosos estados e intuiciones, pero tú permaneces en el mundo de la dualidad, sin llegar a ver nunca la verdadera naturaleza de la existencia.

Qué buscas realmente-Tercera parte
Qué buscas realmente-Tercera parte

COMPRENDER NUESTRA VERDADERA NATURALEZA

De modo que, si exploras lo que no eres sin el fondo inmediato de lo que eres, estás tomando un camino cuyo recorrido puede que lleve más años de los que llegue a alcanzar tu vida.

Pero, cuando el énfasis se halla en la apertura en sí, el objeto se vuelve transparente y su transparencia hace referencia directa a tu apertura no-objetiva.

Muy rápidamente comprendes que ésta es la verdadera naturaleza del objeto, de toda existencia, y dejas de encontrarte a ti mismo en un objeto supuestamente concreto para hallarte en este recibimiento.


No necesitas conocer los detalles del ego, sino sólo su naturaleza.

Si muerdes una fruta podrida, en seguida sabes que está mala, ¡no necesitas comértela toda para asegurarte! Nada nuevo se puede aprender persiguiendo lo conocido.

Los Padres del Desierto solían decir: “Conócete y olvídate a ti mismo.”En el momento en que la mente no interfiere, estás libre de ego. No hay necesidad de pensar en el ego. Al dar la bienvenida, ya estás en la totalidad .

La fe,no es creencia.

Al aceptar que eres consciencia estás abierto a una nueva dimensión. Es importante depositar fe en la verdad. Cuando lo que aceptes sea vital, te verás conducido a la prueba viviente. La fe debe ser informada, no ciega.

La fe no está más allá de tus posibilidades de conocer. Es conocer cómo afrontar los hechos desistiendo del deseo y la voluntad. No tiene nada que ver con dependencia, sino que te lleva a una autonomía cada vez más amplia.

El ego carece de toda concretitud, sustancia o continuidad.

Es una colección de pensamientos unidos por la memoria. La persona aparece cuando piensas en él. Cuando el cuerpo se despierta por la mañana, ya está ahí la conciencia.

Puede que no la hayas notado, pero así es. Esta conciencia no es un pensamiento, ni un sujeto ni una sensación. No encuentra concretización.

Momentos más tarde, el hábito asocia a la conciencia con un cuerpo y una personalidad. Y entonces dices: “Soy esto. Soy aquello.”


Podemos llamar a esto conciencia sin objeto, consciencia, el sujeto esencial o el “yo” incondicional. Este “yo” incondicional es la vigilancia que da la bienvenida a todos los parásitos de “esto y aquello”.

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El pensamiento de ser una persona determinada limita la inteligencia innata de la mente y el cuerpo. Cuando estás simplemente alerta y disociado de tus hábitos de creer en una personalidad, entonces, todas tus capacidades pueden entrar en juego estimuladas por una situación.

Sólo hay acción, sin que actúe ningún actor. Entonces, funcionas mucho más imaginativa, amplia y eficazmente con toda tu inteligencia y talento

El ego, consciencia de uno mismo como individuo, es simplemente un concepto entre muchos. Creado por la sociedad, los padres y la educación, cristaliza como un complejo de datos y experiencias.

No existe ningún ego concreto que podamos describir sino, más bien, dos, tres mil “yos”.

Es posible que tengas un conjunto de características diferente del de tu vecino, pero esta colección de características no eres tú.

Cada “yo” corresponde a una situación distinta pero, puesto que la memoria retiene al “yo” largo tiempo después de que la situación haya pasado, los diversos egos se hallan frecuentemente en conflicto en esa colección que llamamos personalidad. No hay posibilidad de circunscribir el conjunto de “yos” memorizados y, cuando veas que éste no es un objeto, perceptible como otros, encontrarás que no es una constante.

La idea de un ego que ocupa un centro psíquico es una presunción.

Quítale todas las características, todo lo que tú mismo crees que eres, todo lo que es fenoménico, y ¿qué es lo que queda?

Nada, simplemente ser, quietud, presencia. ¿Por qué emplear entonces toda una vida explorando el reino del ilusorio ego y sus proyecciones?

¿Por qué no ir directamente a lo que eres?

Cuanto te hallas libre de la imagen de ti mismo sólo hay viveza, tranquilidad libre de agitación, solamente hay un escuchar de momento a momento. ¿Dónde queda sitio, por tanto, para una imagen, un sujeto y un objeto, alguien que conoce algo? En esta apertura, la función tiene lugar en tu conciencia pero no hay “yo” ninguno en dicha función.

La idea de un ego tiene millones de años de antigüedad. Deriva del deseo de distinguirte a ti mismo de los demás seres, de sentirte como una entidad independiente.

Una vez que te tomas a ti mismo por un individuo separado, sólo puedes encontrarte a ti mismo en relación con las cosas, con lo percibido. El ego necesita situaciones para su supervivencia y, cuando no hay acontecimientos, siente su inseguridad y trata de crear más.

Es por esto que no puedes vivir los momentos de quietud entre los pensamientos y las actividades.

Vives en supervivencia psicológica. Así pues, llega a conocerte a ti mismo tal como eres antes de que tu cuerpo despierte. Llega a conocerte a ti mismo tal como eres antes de nacer.

Primero da la bienvenida a todo lo que piensas que eres. Cuando aceptes plenamente todo lo que consideras como tú mismo, te encontrarás de pronto en apertura y verás que ésta, y no tus conceptos acerca de tu carácter y todo eso, es tu verdadera naturaleza. En la apertura, eres consciente de que todo lo que piensas, todo lo que aparece, no eres tú.

Qué buscas realmente-Tercera parte
Qué buscas realmente-Tercera parte

Cuando das la bienvenida a tu cuerpo, sentidos y mente, y encuentras que éstos no son más que objetos de tu percepción, que aparecen en ti, descubres una nueva dimensión detrás de tus creencias.

Serás absorbido por esta nueva dimensión y verás que lo que tomabas por ser tú mismo no es más que una expresión de lo que eres.

Entonces vives completamente integrado, consciente en tu totalidad.

Cuando sabes todo lo que no eres, lo que eres aparece instantáneamente y no es un pensamiento.No hay nada de lo que tomar conciencia. Cuando piensas en tomar conciencia, proyectas el no tomar conciencia. Cuando dices difícil, proyectas su opuesto, fácil. No hay destino, no hay interiorización.

Porque tú ves los pensamientos, sentimientos y sensaciones como algo que están dentro de ti, te identificas con ellos. Debes llegar a ver que el cuerpo es un objeto de observación exactamente igual que un árbol. Entonces no habrá dentro y fuera ni preferencia para la identificación. En el estado natural no existe lo interior o exterior.

Todo esto son conceptos. Simplemente permanece abierto a toda percepción. Las cosas aparecen en la apertura, apuntan hacia la apertura y se desvanecen en la apertura. No hay captación ni identificación. Sólo hay acontecimiento. Todo cuanto aparece apunta a tu verdadera naturaleza.

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