Qué buscas realmente-Segunda parte

Qué buscas realmente-Segunda parte.La persona, en realidad, no es más que persona, máscara, pero la palabra ha llegado a convertirse en sinónimo de la idea del individuo, entidad separada y continua. La personalidad no es la constante que nosotros imaginamos.

Qué buscas realmente-Segunda parte
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En realidad, no es más que una reorquestación temporal de todos nuestros sentidos, imaginación e inteligencia, de acuerdo con cada situación. No hay repetición alguna en la vida y cada reorquestación es única y original como el diseño de un caleidoscopio.

El error está en identificarse con la personalidad, en conceptualizarla en la memoria y después tomarnos a nosotros mismos por esta colección de imágenes cristalizadas en lugar de dejar que nuestras emociones, percepciones y pensamientos surjan y mueran en nosotros.

Qué buscas realmente-Segunda parte
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Estamos en el teatro, viendo nuestra propia obra en escena.

El actor está siempre “detrás” de su persona. Parece hallarse completamente perdido en sufrimiento, en ser un héroe, un amante, un pícaro, pero todas estas apariciones tienen lugar en la presencia global.

Esta presencia no es una actitud desligada, una posición contempladora. No es una sensación de estar separado, de estar “fuera”. Es la presencia de la totalidad, amor, de donde todo nace.

Cuando ninguna situación pide actividad, permanecemos en un vacío de actividad, en esta presencia.

Cuando ya no nos identificamos con la persona, ¿cómo afecta esto a la vida?


Lo primero que notas es cuánto más ricas y profundas son tus percepciones. La comunicación se vuelve mucho más variada. Generalmente, seguimos unos modelos fijos de comunicación pero, cuando vivimos en apertura, aflora una gran sensibilidad, una sensibilidad con la que nunca soñamos.


Cuando contemplamos lo que nos rodea desde la totalidad, nuestra estructura entera cobra vida. Ya no oímos la música sólo con los oídos. Cuando los oídos dejan de captar el sonido para sí mismos, sentimos la música con todo nuestro cuerpo, el color, la forma, la vibración. Ya no pertenece a un órgano específico. Pertenece a todo nuestro ser. Esto crea una profunda humildad e inocencia. La humildad es la única comunicación verdadera posible.
Uno vive entonces en una dimensión completamente nueva. Vivir con una personalidad es vivir restringido. ¡No vivas restringido! Deja que la personalidad viva en ti. Vivir en el entorno sin separación es de una gran belleza.

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En estar atento y alerta, hay humildad.

Es receptividad, apertura a todo cuanto la vida trae. Allí donde no hay memoria psicológica ni acumulación de conocimiento, hay inocencia. Inocencia es humildad.


En situaciones íntimas o problemáticas, cada uno debe hablar con humildad de cómo se siente. Es simplemente una declaración de hechos, sin justificación ni interpretación alguna.

No debemos buscar una conclusión.

Si dejamos a la situación completamente libre de evaluación, juicio y apremio por llegar a una conclusión, aparecen muchas cosas que no pertenecen a nuestra memoria.


La humildad surge cuando no hay referencia alguna a un “yo”.

Este vacío es el factor curativo en cualquier situación. Heidegger dice: “Permanece abierto a la apertura.” Permanece abierto a la no-conclusión. En esta apertura, la situación ofrece su propia solución, y abiertos la recibimos.

A menudo, cuando la solución aparece, la mente entra y disputa con ella, la pone en duda.

Dado que tú permaneces siempre receptivo, todo aparece como un regalo y apunta a tu naturaleza real. Lo importante no es lo que apunta, sino la actitud receptora. En la receptividad, todos los objetos se desvelan y se trasmutan en amor.


Cuando alguien está siendo negativo y tú no estás dando pie a su negatividad, puede que él de pronto vuelva en sí. Es como si él estirase la mano para agarrar una manilla de puerta que él tiene la seguridad de que está allí y, al no encontrarla en ese sitio, toma súbitamente conciencia de su mano vacía. Entonces la situación ya no depende de una imagen. Depende de la observación misma.

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¿Te gustaría ver tu entorno en paz?, ¿Estás tú en paz? Porque, antes de dar paz a tu entorno, debes estar en paz contigo mismo. En primer lugar, afronta tu falta de paz. Observa cómo estás constantemente en guerra contigo mismo, cómo eres violento y agresivo contigo mismo. En tanto que haya un ego, habrá guerra.

En tanto que tú pienses que eres una entidad independiente, habrá guerra, y será inútil intentar poner fin al conflicto a nivel social. Si no estás en armonía contigo mismo, sigues siendo un cómplice para la sociedad.

Tú eres tu propio entorno más cercano, de modo que éste empieza contigo mismo.

Cuando aprendas a mirar a tu más próximo entorno, automáticamente sabrás mirar al entorno más amplio. En este modo de mirar hay entendimiento, y el entendimiento trae consigo la actuación correcta.

En el momento en que alcances el entendimiento vivo, no necesitarás preguntarme a mí ni a ningún otro qué has de hacer.Donde hay un ego hay una finalidad. Y, cuando no hay sentido de “yo”, no hay finalidad.

La vida no tiene finalidad.

Sólo hay belleza en vivir en lo eterno. Si crees que eres el “yo” individual, estás aislado de lo que te rodea, y este aislamiento trae consigo sentimientos de inseguridad, miedo y ansiedad.

Entonces buscas objetivos. Te preocupas y anticipas. La vida no necesita de una razón de ser. Esa es su belleza.No hay pasado, presente ni futuro.

El futuro es un pasado proyectado y el presente es ya pasado en el momento en que piensas en él. Todo sucede en tu presencia, que es intemporal. El fatalismo es una actitud pasiva en la que uno se entrega a la situación, se identifica con ella. Pero tú no eres la situación, la película, sino la luz que ilumina y da vida a ésta.

Lo que tú llamas un accidente, destino, etc., está en la película pero tú, la luz no estás en ella.

El mundo se crea a cada momento a partir de todas las posibilidades. Todas las posibilidades están en ti… ¿por qué identificarse con una expresión concreta? Toda relatividad tiene significado tan sólo en tu totalidad.


Cuando sólo hay simultaneidad, entonces, todo sucede a cada momento. Pasado, presente y futuro se unen en la presencia. Sólo desde la consciencia, desde la globalidad, se puede ver la película en su totalidad.

De otro modo, permaneces atado a las fracciones, a las distintas imágenes, y te metes en cada escena. El contenido de tu vida es más de lo que tú conoces. Cuando hay claridad y discernimiento, tu atención y tu energía ya no son vividas ni se dispersan en imágenes.

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La forma humana es un microcosmos del universo. Todo cuanto supuestamente existe fuera de nosotros existe, en realidad, en nosotros. El mundo está en ti y puede darse a conocer en ti como tú mismo.

Entones, ¿qué es este “tú”?


Como seres humanos relacionados con todos los seres vivos, debemos estar primero relacionados con nosotros mismos. No podemos entender, amar y recibir a los demás sin, en primer lugar, conocernos y amarnos a nosotros mismos.

Generalmente, sin embargo, pasamos nuestras vidas enteras dedicados a lo que evidentemente está fuera de nosotros sin mirar jamás a lo que está más cercano.

No dedicamos tiempo alguno a la lectura cuidadosa de nuestro propio libro, de nuestras reacciones, resistencias, tensiones, estados emocionales, tensiones físicas y todo lo demás.

Esta lectura no requiere sistema alguno ni tiempo especialmente asignado a la introspección. Implica solamente mirarse a sí mismo durante el día sin la habitual identificación con un centro de referencia individual, una imagen de yo, una personalidad, un propagador de puntos de vista.


Para enfrentarnos a nosotros mismos científicamente debemos aceptar los hechos como son sin acuerdo, desacuerdo o conclusión.

No se trata de una aceptación mental, de una aceptación de ideas, sino de algo completamente práctico, funcional. Sólo requiere estar alerta. La atención debe ser bipolar.

Vemos la situación y, al mismo tiempo, vemos cómo ésta hace eco en nosotros como sentimiento y pensamiento. En otras palabras, los hechos de una situación deben incluir nuestras propias reacciones.

Nos quedamos en el proceso científico, libres de juicio, interpretación y evaluación, únicamente atentos, en diferentes momentos del día, a nuestro terreno psicológico, intelectual y físico y a nuestro nivel de vitalidad. No existe motivo alguno ni interferencia de un “yo”, ni deseo de cambiar, crecer o llegar a ser.

La aceptación funcional no es moral. No hay necesidad de optar por un nuevo modo de vida que, inevitablemente, se convierte en un sistema como otro cualquiera.

Cuando la atención es bipolar, en un principio hay observación del así llamado mundo exterior pero con un énfasis en los movimientos internos. Después, estos movimientos, los gustos y los disgustos, se convierten a su vez en el objeto de exploración.

De este modo llegamos a intimar más con nosotros mismos, nos hacemos más conscientes de cómo funcionamos de momento a momento en la vida diaria. Cuando somos exploradores, el verdadero escuchar aparece automáticamente y en escuchar hay apertura, receptividad.

La exploración nunca se convierte en una fijación con una meta a alcanzar.

Permanece como una bienvenida que aporta originalidad y vida a cada momento.
Muchas terapias nos dicen que nos aceptemos a nosotros mismos pero esta aceptación psicológica, a través de diversos tipos de análisis, se refiere siempre a un centro individual.

En tanto que la idea del individuo permanece, hay un motivo escondido en la aceptación. No es una aceptación incondicional sino que está basada en un ideal, o una comparación, y siempre contiene un elemento de resignación.

La psicología cree en la existencia del ego y su tarea consiste en hacer éste más cómodo, fuerte e integrado. El que podamos organizar nuestra vida de manera más satisfactoria ya es algo, pero no puede haber jamás una vía que nos lleve más allá de lo conocido. Estos procesos nos mantienen interesados en el objeto por sutil que éste pueda llegar a ser.

En la aceptación funcional, el énfasis no está en lo que aceptamos sino en la aceptación misma. Nada hay para intentar añadir o sustraer de la vida que estás viviendo. Esta requiere tan sólo estar alerta para ver los hábitos del pensamiento y el modo en que éstos nos comprometen.

Cuando vemos que casi toda nuestra existencia es una repetición mecánica, automáticamente salimos del modelo para entrar en la observación.

Todos los intentos de cambiarnos a nosotros mismos se basan en la interpretación que supone la existencia de un intérprete pero, cuando no hay nadie para interpretar, ningún centro de referencia, el énfasis cae espontáneamente en la acción misma de tomar nota.

Qué buscas realmente-Segunda parte
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Es importante darse cuenta de que este observar sin un agente no es una actitud ni un estado.

El objeto no es interesante. La observación en sí tiene su propio sabor y no necesita adición alguna. Es la misma apertura, o bienvenida, que constituye nuestro ser natural.


Para entrar en relación con uno mismo y, de este modo, con el mundo, toda interferencia debe cesar.

Es el observador quien, proyectando constantemente conocimiento y deseos adquiridos, mantiene lo observado como objeto y de ese modo destruye toda verdadera comunicación, que es amor.

Con la desaparición del hábito de ser alguien que hace algo, sólo la atención desnuda queda y, a la luz de ésta, se hace claro el funcionamiento de proyección.

La mente recobra su sensibilidad y flexibilidad naturales y, al mismo tiempo, sentimos libertad en relación con nuestro entorno.

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En la exploración abierta, en la que te aceptas a ti mismo científicamente, llegará el día en que te sientas completamente autónomo y realizado sin calificación

En la aceptación psicológica hay todavía alguien que acepta.

Hay un punto de vista, una elección o un motivo y objetivo. De modo que hay todavía complicidad, un interés creado en lo que supuestamente aceptas. Este interés te ata al objeto, la cólera, la ansiedad, los celos, el demonio, el héroe, Dios, etc., y tú permaneces funcionalmente pasivo con respecto a él.

Te sometes a él. Dices “Yo soy esto”, e intentas darle la bienvenida. La aceptación psicológica es una especie sutil de sacrificio.


La aceptación funcional es una postura completa mente no-afectiva porque está, desde el principio, libre de ego, es decir, libre de toda interferencia mental. Es principalmente activa.

Quiero decir con esto que hay una actitud completamente alerta en el hecho de tomar nota. No hay sumisión al objeto. Sólo hay bienvenida, sin análisis de ninguna clase.

En otras palabras: pasas directamente del proceso del devenir a la apertura misma.Pedagógicamente hablando, hay un abandono del énfasis en el objeto por el así llamado sujeto, la percepción en si.

El gran peligro, sin embargo, está en enfatizar el sujeto, hacer de él un objeto, de alguna manera sustancial, con lo que no harías más que asumir una actitud y hallarte de nuevo en el llegar a ser.

La verdadera aceptación es apertura libre de toda objetivización.La apertura es un estar alerta sin ninguna expectativa. La observación debe sencillamente permanecer con los hechos.

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La observación no va dirigida al objeto; el objeto aparece en la observación. Cuando permites que los aspectos del cuerpo-mente aparezcan en tu atención multidimensional, éstos ascienden como la niebla que emerge del valle para ser consumidos por el calor del sol.

Nada queda que reprimir ni hay nadie que reprima. Es un modo de vivir completamente nuevo. Cuando vives en la apertura, todo aparece y desaparece en ella.

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