Qué buscas realmente-Quinta parte

Qué buscas realmente-Quinta parte.¿Existe un modo correcto e incorrecto de actuar?
La acción correcta no proviene de la personalidad. Brota de la propia situación y, como tal, no deja residuo alguno. Del mismo modo que la respuesta está en la pregunta, así la solución a una situación reside en la propia situación.

Qué buscas realmente-Quinta parte
Qué buscas realmente-Quinta parte

Cuando la personalidad no dicte ninguna acción o, hablando estrictamente, reacción, te encontrarás completamente adecuado a la situación. La acción correcta es simplemente función.

Muy a menudo la intuición de la acción correcta no es agradable para la imagen que uno tiene de sí mismo, la cual, sintiéndose amenazada, duda y contiende con la intuición espontánea. Se necesita valor para que tenga lugar la abdicación de la persona.

¿Puede la acción correcta dejar residuo en los demás?


Es posible que la acción sea malinterpretada por aquellos que no ven la situación en su totalidad, que miran desde un punto de vista. Pero puedes estar seguro de que, tarde o temprano, se verá claramente como algo procedente de un fondo global. La simple función es armoniosa porque mana de la armonía.

Surge del amor.

La acción correcta tiene valor de momento a momento, no sólo en su consumación.

La intención proviene de la idea de ser un individuo separado. Cuando el ego se disuelve y uno se da cuenta de su infinita naturaleza, hay una gran gratitud.

La gratitud es agradecer el amor por el amor.

Esta rebosa en ofrecimiento, en compasión y amor por los demás. Pero la compasión y la piedad son cómplices del sufrimiento.

¿De dónde proviene el sentimiento de responsabilidad?


Cuando ofreces a los demás lo que profundamente eres, la responsabilidad no entra a formar parte del cuadro. Tu obrar está libre de deber, obligación o moralidad. Toda tu acción es espontáneamente responsable. Brota de la gratitud y el amor, pero no hay nadie que actúe, no hay ningún sentimiento de responsabilidad.

¿De dónde proviene el deseo?


Todo deseo es en última instancia la búsqueda de paz y, como tal, mana de la ausencia de deseo. Cuando algo deseado se alcanza hay un momento de ausencia de deseo sin sujeto ni objeto.

Más tarde, atribuimos este contento al objeto pero, en el momento mismo, no hay causa y efecto algunos ni perceptor ni percibido. Estamos en nuestro propio terreno. Todo deseo mana de la necesidad de estar permanentemente en nuestro propio lugar, en nuestra propia casa.


Lo que generalmente llamamos deseo es una superposición psicológica creada por el ego para su propia supervivencia. La mayor parte del deseo proviene de la memoria psicológica, esa fortaleza del ego.

Naturalmente, existe el deseo que viene del cuerpo mismo.

Este pertenece a la supervivencia biológica y es función natural.

La persona necesita experiencias para existir y procura repetirlas. El placer ofrece más seguridad para el ego que el dolor. En tanto te tomes a ti mismo por un vividor de experiencias, seguirás viviendo en el ciclo placer-dolor.

La consciencia sin objeto, tu verdadera naturaleza, es gozo sin experimentador ni experiencia. No está relacionada con el tiempo, la memoria, los sentimientos o las sensaciones, por lo que nada hay que repetir. Tú eres el huésped del gozo, no puedes imponerte a ti mismo.

El placer está siempre en la sombra del dolor.

En el gozo no hay contrapartida. El gozo no tiene causa ni objeto. Así como todo aparece en el gozo, también el placer aparece en el gozo. El gozo es el fondo del que emergen los opuestos, placer y dolor, y al que éstos se reducen. El placer mantiene a la persona mientras que el gozo la aniquila.

El gozo puede aparecer espontáneamente pero a menudo degenera en placer.

El gozo es global, pero aquello que se conceptualiza se hace sucesivo ya que no puede haber más de un concepto a la vez. El placer es fraccionario.

Qué buscas realmente-Quinta parte
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El gozo es multidimensional.

El placer tiene un principio y un fin, pero el gozo es continuo.

¿Cómo podemos manejar el conflicto cuando no podemos aceptar ciertas circunstancias de nuestra vida?


Desde el momento en que explores el significado apropiado de la palabra “entrega” saborearás la verdadera libertad, porque la entrega te libera del objeto, del sentimiento de depresión y conflicto y, al mismo tiempo, apunta a la apertura misma. Esa es la esencia de la entrega y es tu verdadera naturaleza.

La entrega requiere un verdadero reconocimiento de los hechos, afrontándolos directamente.

Debes aceptarlos y acogerlos de una manera científica, sin reacción ni juicio.

Aceptar no es un sacrificio ni un proceso de la voluntad. En la apertura que es inherente a nuestra naturaleza no hay un sujeto que acepta. La aceptación o entrega, por tanto, es pasiva en la ausencia de un director y activa en el sentido de que uno permanece supremamente despierto y alerta, preparado para lo que se presente.

Este silencio es simplemente esperar sin la ansiedad de la espera, y en esta apertura opera la más elevada inteligencia.
Sé consciente, date cuenta del reflejo de combatir, suprimir, cambiar, reformar o sublimar un problema.

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Eso sólo te hundirá más y más en el conflicto. En la no-aceptación, permaneces involucrado en el objeto, atado a él. La apropiada solución a un problema sólo puede aparecer en la ausencia del ego, el perpetrador de gustos y disgustos.

A menudo el ego elude la solución que se presenta diciendo: “No me gusta. No me proporciona placer.” Es importante vigilar que, cuando la solución aparece, el ego no la robe y la oculte.


Al retirar el énfasis del problema y ponerlo en la aceptación, descubrirás que la presión se disuelve y la calma y la relajación vienen a ti.

Qué buscas realmente-Quinta parte
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Todo problema tiene su solución aún cuando la mente y su memoria no puedan comprender plenamente el problema o la solución. Al entregarte al problema, estás abierto a lo conocido y lo desconocido de la situación problemática y el entendimiento opera con frescura.

En la entrega silenciosa hay bendición y plegaria sin petición ni demanda.

No hay hacedor, experimentador, amante o amado. Sólo hay una corriente divina. Ves que el acto mismo de acoger es en sí la solución al problema y la acción que sigue a tu comprensión es muy clara. Cuando te familiarices con el acto de la entrega, la verdad te solicitará sin que la busques.

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