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Los hábitos ideológicos-Antonio Blay

Los hábitos ideológicos-Antonio Blay.Tenemos que adoptar de entrada una actitud totalmente abierta y sincera para poder llegar a comprender de verdad toda la problemática que nos plantea vida.

Esto no es fácil por varias razones.


Ante todo porque estamos acostumbrados a agarrarnos a nuestras ideas.

No porque hayamos llegado a ellas a través de una maduración o por elección hecha con toda objetividad.

Sino porque nos hemos adherido a algunas ideas entre las varias que se nos han ofrecido.

Porque ellas nos daban, aparentemente al menos, una mayor garantía de seguridad.

Los hábitos ideológicos-Antonio Blay
Los hábitos ideológicos-Antonio Blay

Una compensación, un bienestar, una cierta plenitud, quizá.

Cada cual tiene en esto sus propias motivaciones.

Pero ocurre que raras veces se llega a las ideas que uno tiene …

A través de una investigación sincera, profunda, objetiva, desapasionada, total.

Casi siempre nos encontramos ya con unos valores a los que nos adherimos; y es verdad que estos valores nos ayudan -de lo contrario no nos apegaríamos a ellos.

Pero también es cierto muchas veces que, paralelamente a la ayuda que nos prestan, se convierten en cárceles, en muros que nos aprisionan.

Y que nos impiden ver qué hay más allá de esa propia ideología.

De esa forma de ver el mundo o de vernos a nosotros mismos.

Los hábitos ideológicos-Antonio Blay
Los hábitos ideológicos-Antonio Blay

No pretendo ir contra ninguna ideología, en absoluto.

Personalmente no voy «contra» nada.

Quizá, sólo contra la inconsciencia, que puede revestir muchas formas.

Y que a veces se manifiesta, no sólo en el hecho de aceptar a ciegas una cosa u otra determinada.

Sino en estar defendiendo unos principios, unas ideas, por pura rutina, por inercia.

Por la costumbre que se ha adquirido de considerar aquello como lo único válido.


Vivir es transformarse, crecer, desarrollarse, madurar.

Todo junto quiere decir estar constantemente destruyendo formas antiguas para edificar otras nuevas.

La vida implica ese proceso permanente de destrucción y nueva construcción.

Y eso no sólo es una verdad biológica de nuestro organismo, de nuestra fisiología.

Sino que también lo es, o habría de serlo, una verdad de nuestra vida afectiva, mental y espiritual.

Cuando la vida deja de tener este ciclo permanente de renovación, destrucción y recreación, aunque siga llamándose y pareciéndonos vida.

No es en realidad sino todo lo contrario: cristalizaciones que detienen el proceso activo, dinámico, centrífugo del vivir.

Nos cuesta seguir este proceso porque en la vida no sólo nos gusta tener unas ideas, sino que necesitamos adherirnos a ellos. El mal está en que estas ideas no se nos desprenden nunca.

Y entonces somos nosotros los que quedamos encerrados dentro de ellas, en vez de conservarlas y mantenerlas tan sólo a condición de que aún sigan teniendo vigencia según nuestra perspectiva actual.

Generalmente nos sumergimos en una actitud cómoda, más o menos pasiva, y desde ella consideramos que las ideas siguen teniendo el mismo valor que les dimos el día que las recogimos o nos las entregaron por primera vez.

Somos víctimas de la inercia, de la apatía, o de la pereza.

Y de este modo la idea que en su momento fue estupenda se convierte,ahora para nosotros en un elemento de retraso.

Se está muriendo dentro y nos está haciendo morir a nosotros juntamente con ella, bloqueando toda posibilidad de desarrollo ulterior.

¿Qué podemos decir con seguridad sobre el sentido de la vida?


Si nosotros nos adherimos a una fe y la seguimos, sea en la forma religiosa católica, sea en otra forma religiosa o en otra ideología, poseeremos en seguida todo un cuadro de definiciones y estructuras conceptuales.

Pero seguir esas definiciones no nos impide, ni siquiera nos exime, de buscar por nosotros mismos, de querer ver mejor qué es esa verdad, esa vivencia, sea cual sea el nombre que tenga.

Incluso diré -hablando para las personas que siguen de un modo total la forma religiosa católica.

Que la persona que lleva una vida auténticamente religiosa en sentido netamente católico, en la medida en que esté interiormente creando…

Y recreando su propia fe católica, en la medida en que se esté formando e informando cada vez de un modo diferente de las verdades que constituyen la fe, sigue el proceso dinámico de la vida.

Los hábitos ideológicos-Antonio Blay
Los hábitos ideológicos-Antonio Blay

Y esto no es una afirmación mía, sino que constituye el verdadero sentido de la vida cristiana, que es una constante transformación, una superación, no sólo en la virtud.

Sino también en nuestra forma de ver y de actuar, en nuestra actitud básica ante la vida, lo cual implica tanto nuestra actitud moral como nuestra postura intelectual.

Alo que estamos adheridos

Y para los idealistas que no siguen una forma religiosa tradicional, también la vida tiene sentido.

El sentido quedes da la ideología a la que se adhieren.


Pero al hablar de ideologías no me refiero propiamente a su estructura externa ya que en el fondo yo no busco hacer filosofía ni formular teorías abstractas.

Hablo, sobre todo, del sentido que tiene la vida.

No desde un punto de vista teórico, sino desde el punto de vista de nuestra conducta diaria, de nuestras reacciones de cada momento.

Todas nuestras acciones y reacciones tienen una motivación muy clara, una razón de ser.

Al terminar una acción, llega en seguida otra motivación que nos empuja a una nueva acción, y así parece que se vaya actuando en circuitos pequeños, cada uno completo en sí mismo.

Pero cuando aprendemos a mirar con más amplitud estas mismas acciones aisladas, vemos que detrás de todas ellas hay un denominador común.

Una tónica, algo que les da unidad y sentido, que les infunde un profundo significado.

Y es que todos nosotros en la práctica -no en la teoría- obramos siempre de acuerdo con alguna consigna, con algún ideal, sin darnos cuenta de ello la mayoría de las veces.

Los hábitos ideológicos-Antonio Blay
Los hábitos ideológicos-Antonio Blay

A esto es a lo que me refiero, no a lo que ahora, al discutir y teorizar, podamos aceptar o rechazar. Hablo del ideal que informa de hecho nuestra vida cotidiana.


Observemos nuestros estados de ánimo.

¿Por qué nos enfadamos tanto en unas ocasiones y en otras no, hacemos tal cosa y no otra,o en tal momento de nuestra vida reaccionamos así y no de otra manera?

Existe una razón que explica todas las pequeñas acciones y esta razón es la consigna que hay a lo largo de toda la trayectoria individual.

Ese es el verdadero ideal, el verdadero sentido de la vida, no el que viene de la aceptación o no aceptación teórica de una ideología.

Las ideologías

La aceptación teórica desde nuestro punto de vista de la psicología experimental, y en relación con nuestro propio desarrollo, no tiene prácticamente importancia.

Es sólo un testimonio de que las personas tenemos una ideología, que la mayoría de las veces no tiene nada que ver con la ideología práctica y real que se manifiesta a la hora de actuar.

Y por lo tanto la persona lleva una dicotomía, una dualidad en su interior, es decir, que no está centrada en un único eje, no está integrada, no vive en la unidad.

Encontrarnos con nosotros mismos

Para nosotros es sobre todo una prueba de que la persona necesita encontrarse a sí misma, reunificarse y empezar a actuar como un ser, uno solo en sí mismo, no como una multiplicidad dispersa.

Si buscamos qué ideología tenemos en la práctica, no en la teoría, podemos comprobar que casi todos vivimos tras unos objetivos casi inmediatos, a corto alcance.

Para cada uno de nosotros existen pequeños objetivos en un momento dado; uno desea estudiar una carrera y conseguir un título; otro encontrar la mujer con quien fundar un hogar.

Objetivos

Aquél hallar una vivienda con suficientes ventajas según su condición, o conseguir tal cargo, una situación económica determinada, cuidar de la familia, etc.

Objetivos que van viniendo y animando nuestra conducta inmediata.

Es evidente que todos tenemos objetivos de este estilo, pero esto no basta porque no explica el sentido de todo el conjunto de tales objetivos ni del porqué de su selección ni de los medios que elegimos en cada momento para tratar de conseguirlos.

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