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Lección 52 de Un curso de milagros-Comentario

Lección 52 de Un curso de milagros-Comentario. Repaso 1

Estoy disgustado porque veo algo que no está ahí.

La realidad no es nunca atemorizante Es imposible que pudiese disgustarme.La realidad sólo brinda perfecta paz.

Cuando estoy disgustado es porque he reemplazado la realidad con ilusiones que yo mismo he fabricado.

Las ilusiones me causan disgusto porque al haberles conferido realidad, veo la realidad como una ilusión.

Lección 52 de Un curso de milagros-Comentario
Lección 52 de Un curso de milagros-Comentario

Nada en la creación de Dios se ve afectado en modo alguno por mi confusión.

Siempre estoy disgustado por nada.


Este es un ejemplo de por qué no podemos estudiar este curso, y mucho menos practicarlo, sin entender su metafísica subyacente.

Ese no es necesariamente un requisito para aquellos que recién comienzan con Un Curso de Milagros, pero a medida que avanzamos, vemos cómo su metafísica subyacente está presente en todo momento.

Por lo tanto, si el mundo ahí afuera proviene de nuestros pensamientos, los cuales no existen, el mundo tampoco debe existir.

Por lo tanto, no tiene sentido estar disgustado por ello.


La verdad es que tememos a la realidad porque representa el fin de nuestro sistema de pensamiento delirante de separación, que incluye la idea demente de que podemos y que, de hecho, existimos, aparte de Dios.

Así, son nuestros egos los que temen la decisión en favor de la realidad.

Es por eso que Jesús enseña en el texto que no es de la crucifixión de lo que realmente tienes miedo.

Lo que verdaderamente te aterra es la redención. (T-13.III.1: 10-11).

Sin embargo, el ego enseña que la realidad debe ser temida por lo que le hicimos; digamos que nos hemos separado de su amor, y por consiguiente lo hemos destruido.

Por lo tanto merecemos ser castigados por nuestro pecado.

No obstante, el principio de Expiación del Espíritu Santo es que nunca nos separamos de Dios, y por lo tanto no hay nada que temer.

Nada ha sucedido – “no se perdió ni una sola nota del himno celestial.” (T-26.V.5: 4) – y sin la creencia en el pecado, no puede haber temor al castigo.

El sistema de pensamiento del ego de pecado, culpa y miedo es toda una fabricación.

La nada, por lo tanto, sólo puede llevarte a la nada, parafraseando el arrebato del Rey Lear de Shakespeare.


Sólo veo el pasado.


Cuando miro a mi alrededor, condeno el mundo que veo.

A eso es a lo que yo llamo ver.

Uso el pasado en contra de todo el mundo y de todas las cosas, convirtiéndolos así en mis enemigos.


Una vez más vemos que si entendiéramos la metafísica del Curso, nos daríamos cuenta rápidamente de por qué estas líneas son ciertas.

Comenzamos nuestra existencia como individuos haciendo que Dios sea nuestro enemigo, y entonces, como el Hijo uno, hemos proyectado ese pensamiento, fabricando un mundo de billones y billones de fragmentos.

Pero este pensamiento ontológico no nos ha abandonado, vino con nosotros, y existe en cada fragmento individual.

Esta es la razón de que tanto en nuestra experiencia como en nuestro pensamiento prevalezca el principio de «uno o el otro»: para que yo pueda existir, alguien más tiene que ser asesinado.

Hemos poblado a nuestro mundo con muchos compañeros de amor especial para que nuestra meta en última instancia no sea evidente.

Sin embargo, mantenemos el pasado en contra de todos y de todo, haciéndolos nuestros enemigos.

¿Y qué es el pasado? Pecado.

Pecamos en el pasado, lo hemos proyectado afuera y ahora lo vemos en todos los demás.

Lo que nosotros pensamos que vemos, por lo tanto, un mundo de separación y pecado, no se encuentra realmente ahí, y por lo tanto esto no es «ver».

Nuestra arrogancia en todo esto nos está mintiendo en el sentido de que nosotros realmente creemos que pensamos, vemos, escuchamos y, sobre todo, que entendemos.

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Lección 52 de Un curso de milagros-Comentario


Cuando me haya perdonado a mí mismo y haya recordado Quién soy, bendeciré a todo el mundo y a todo cuanto vea.

No habrá pasado, y, por lo tanto, tampoco enemigos.

Y contemplaré con amor todo aquello que antes no podía ver.»


No es solo que «bendeciré» a todos, es que «tengo» que bendecir a todos, porque si solamente existe la bendición de Dios dentro de mi mente, eso es todo lo que puedo ver.

Si me doy cuenta de que soy un hijo de Dios, no estoy separado de Él.

Por consiguiente, no hay pecado, y sin pecado no hay pasado.

Obviamente, entonces, no hay nada que proyectar.

Lo que permanecerá es la bendición del amor sobre todas las cosas, ya que nos hemos bendecido a nosotros mismos con el pensamiento del perdón.


Mi mente está absorbida con pensamientos del pasado.


(3:2-3) «Veo únicamente mis propios pensamientos, y mi mente está absorbida con el pasado. ¿Qué es lo que puedo ver, entonces, tal como es?»


La visión es imposible mientras yo crea que estoy separado y que soy especial, mientras que yo piense que yo cuento, como importante, o como maravilloso, y así sucesivamente – el síndrome del «yo, del mí mismo».

Todo ello no es sino diferentes maneras de afirmar de que yo existo y, más aún, de que exijo que se me trate con la dignidad que me merezco.

No hace falta decir que, escondido detrás de todo esto, está mi deseo de que «no» me trates de esta forma digna.

Porque entonces mi ego está campando a sus anchas: ya me puedo justificar siendo la eterna víctima, y tú el eterno verdugo.

He logrado, por lo tanto, mantener el pastel de la separación del ego, comérmelo y también de disfrutar cada pequeño bocado repleto de culpa.


Permítaseme recordar que me fijo en el pasado para prevenir que el presente alboree en mi mente.


Si leemos esto con mucho cuidado podemos reconocer una clara declaración de propósito: “Permítaseme recordar que me fijo en el pasado para prevenir que el presente alboree en mi mente.

Hay un propósito para que nos aferremos al pasado y a nuestros pensamientos de ataque.

El propósito es impedir que el presente, que el instante santo y que el amor de Jesús “alboree en mi mente”.

En la presencia de su amor, ya no podemos existir como individuos especiales y llenos de odio. Ese es el miedo: perder nuestra identidad especial.


Permítaseme entender que estoy tratando de usar el tiempo en contra de Dios.

Permítaseme aprender a dejar atrás el pasado, dándome cuenta de que al hacer eso no estoy renunciando a nada.»


Una vez más, vemos el propósito detrás de nuestro mundo de espacio y de tiempo.

El ego usa su tiempo lineal – «pasado», «presente» y «futuro» – como una forma de reforzar su sistema de pensamiento subyacente de «pecado», «culpa» y «miedo».

De esta manera es como la nada del ego está impidiendo que recordemos el Todo que es Dios.


No veo nada tal como es ahora.


Si no veo nada tal como es ahora, ciertamente se puede decir que no veo nada.

Solamente puedo ver lo que está aquí ahora. La elección no es entre si ver el pasado o el presente; la elección es sencillamente entre ver o no ver.


No podemos ver el pasado, porque no hay pasado, no hubo pecado porque no hubo separación.

Por lo tanto – lo que pensamos que vemos, que incluye lo que recuerdo que sucedió en el pasado y lo que sea que esté viendo ahora – es una proyección de nuestro pasado pecaminoso sobre otros.

En consecuencia, lo que estamos viendo no se encuentra ahí en absoluto, y esto es lo que caracteriza nuestra demencia.

Lo que he elegido ver me ha costado la visión.


¡Esta es precisamente la razón por la que he elegido ver lo que veo! La visión de Cristo ve a la Filiación como una, en la que no hay personas especiales e importantes.

Somos todos lo mismo. Esta «igualdad» de propósitos refleja la «Igualdad» del Hijo uno de Dios.

La percepción se originó en la necesidad de defendernos en contra del conocimiento, que se recuerda mediante la visión de Cristo.

Ahora quiero elegir de nuevo, para poder ver.


Ten en cuenta el énfasis recurrente que se hace acerca del poder de elegir en nuestras mentes.

Aunque todavía no estemos dispuestos de llevar a cabo esta elección – debido a que la visión es todavía demasiado atemorizante – pero podemos al menos llegar a reconocer la posibilidad de esa elección y perdonarnos a nosotros mismos por no estar todavía dispuestos a tomarla.


Mis pensamientos no significan nada.


No tengo pensamientos privados.

Sin embargo, es únicamente de mis pensamientos privados de los que soy consciente.

¿Qué significado pueden tener dichos pensamientos?

No existen, de modo que no significan nada.


Mis pensamientos no significan nada porque son “mis” pensamientos. Lección 52 de Un curso de milagros-Comentario

Se basan en la separación y la exclusividad, y por lo tanto se basan en el opuesto exacto de la Unicidad del Cielo, nuestra realidad «no específica» y, por lo tanto, «no privada».

No obstante, mi mente es parte de la creación y parte de su Creador.

¿No sería acaso preferible que me uniese al pensamiento del universo en vez de obscurecer todo aquello que realmente me pertenece con mis míseros e insignificantes pensamientos “privados”?»


Es importante destacar que Jesús dice “todo aquello que realmente me pertenece”, no lo que yo «pienso» que es mío, que no son sino algunas migajas de especialismo.

Lo que es «realmente» mío son los dones del Cielo: amor, vida eterna, verdadera libertad y perfecta unicidad.


Obviamente, Jesús no tiene en mucha estima nuestra individualidad, y él nos implora que tampoco la valoremos demasiado.

El problema es que la valoramos mucho más de lo que jamás pensamos que lo haríamos.

A medida que trabajamos seriamente con Un Curso de Milagros, se vuelve más y más claro cuánto valoramos nuestra individualidad, qué tanto estamos teniendo serios problemas con la autoridad.

Y cuánto no permitimos que nadie nos diga lo que tenemos que hacer a menos que sea lo que creemos que es verdad.

Necesitamos llegar a ser conscientes de nuestra arrogancia sin condenarnos.

Para poder llegar a ser conscientes de que, sí, este es el origen de mis pensamientos y todo esto es un error tonto.


Se vuelve evidente a medida que uno lee Un Curso de Milagros, y no sólo aquí en las lecciones, de que Jesús está persistentemente y de manera consistente en presentarnos la verdad y en no juzgarnos por nuestras ilusiones. Lección 52 de Un curso de milagros-Comentario

Es cierto que en algunas ocasiones él hace bromas acerca de esto, pero su actitud nunca es de castigo.

Él simplemente dice: “Por favor, reconoce que estás equivocado y que yo tengo razón.

Mientras continúes pensando de manera diferente, no serás feliz.

No soy yo quien te castigará; «tú» te vas a castigar.

Espero pacientemente por ti, pero ¿por qué razón quisieras demorar tu felicidad? “.

Como nos pregunta dos veces más adelante en el libro de ejercicios: “¿Por qué esperar al Cielo? “(W-pI.13 1.6: 1; WpI.188.1: 1)”

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