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Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario

Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario.Repaso 1. «Nada de lo que veo significa nada.»
En estas primeras lecciones, Jesús enfatiza que lo que vemos no significa nada porque lo que vemos proviene de los pensamientos erróneos de juicio y ataque.

Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario
Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario


La razón de que esto sea así es que veo lo que no es nada y lo que no es nada no tiene significado.

Es necesario que reconozca esto, para poder aprender a ver. Lo que ahora creo ver ocupa el lugar de la visión.

Tengo que desprenderme de ello dándome cuenta de que no significa nada, para que de este modo la visión pueda ocupar el lugar que le corresponde.


Si bien Jesús no usa el término aquí, nos señala que tenemos una mente dividida.

Tenemos la capacidad de ver a través de la visión del Espíritu Santo, pero para garantizar que eso no ocurra, cubrimos esos pensamientos amorosos con pensamientos de ataque y separación.

De hecho, no podemos lograr el objetivo de la visión si en primer lugar no reconocemos y entendemos la naturaleza inherentemente ilusoria y carente de significado que tienen nuestras percepciones.

La percepción usurpa el lugar de la visión

Son estas percepciones erróneas las que deliberadamente hemos elegido para que usurpen el lugar de la visión, cumpliendo con el propósito del ego de protegerse a sí mismo.

Realmente, nuestro yo separado protegiendo su identidad separada que nos impide descubrir el único significado que tiene el estar en este mundo: el perdón.

«Le he dado a todo lo que veo todo el significado que tiene para mí.»


«He juzgado todo lo que veo, y eso, y sólo eso, es lo que veo.

Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario
Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario

Eso no es visión. Es meramente una ilusión de realidad porque he juzgado sin tomar en cuenta la realidad.»


Esto reafirma la enseñanza de que el mundo que vemos no se encuentra ahí simplemente porque proviene de nuestros pensamientos de condena, los cuales tampoco se encuentran ahí.

Una defensa contra la verdad

Recuerda, cada pensamiento en el sistema del ego es una defensa en contra de la verdad del principio de Expiación, que es que nunca hemos abandonado a Dios.

Todo lo que percibimos es un fragmento sombrío del pensamiento de condena original que dice que sí nos hemos separado de nuestra Fuente.

Y de nuestra realidad, esa es la ilusión fundamental de la cual todas las otras ilusiones provienen.


Estoy dispuesto a reconocer la falta de validez de mis juicios porque quiero ver.

Mis juicios me han hecho daño, y no quiero ver basándome en ellos.


Jesús está apelando a nuestras mentes cuerdas y racionales para que entendamos que lo que estamos haciendo con nuestros pensamientos y, por lo tanto, con el mundo percibido, nos está haciendo daño: ” Mis juicios me han hecho daño”.

La brecha

El ego ha hecho un montaje de este sistema defensivo como una brecha enorme entre nuestros pensamientos de ataque y el dolor que resulta como efecto de dichos pensamientos.

Esta brecha se encuentra representada por el mundo de espacio y tiempo, cuyo propósito es permitirnos sentirnos justificados al atribuir nuestro dolor a “cosas que se encuentran más allá de ti [nosotros], fuerzas que no puedes [podemos] controlar” (T-19.IV-D.7 : 4).

Esto, por supuesto, es la maravilla de la proyección desde el punto de vista del ego.

Ya que ahora es seguro que no nos sentiremos responsables del dolor que resulta de nuestra elección en contra de Dios y de su Amor.

Son otros, nuestros cuerpos o el mundo lo causantes de nuestra angustia y dolor – cualquier otra cosa «salvo» nosotros mismos.


Por lo tanto, la idea de estas lecciones es poder traer el «efecto» hacia la «causa», para que entonces nos podamos dar cuenta que son únicamente nuestros juicios los que nos han hecho daño.

Y en el proceso de hacer esto, vamos restaurando en nuestra conciencia el poder que tienen nuestras mentes para elegir nuestro propio destino: nuestra felicidad o miseria, nuestra paz o conflicto.

No entiendo nada de lo que veo.


¿Cómo puedo entender lo que veo si lo he juzgado erróneamente?

Lo que veo es la proyección de mis propios errores de pensamiento.

No entiendo lo que veo porque no es comprensible.


Este es el comienzo de la humildad.

Siempre estamos muy seguros de que tenemos razón: de que lo que veo es lo que yo veo, de lo que escucho es lo que yo escucho.

Y de que mi entendimiento de una situación es lo que yo digo porque yo digo que es así.

Y si somos lo suficientemente hábiles, tendremos a nuestra disposición una multitud de personas que estén de acuerdo con nosotros.

Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario
Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario

Estamos dementes

Esto no se puede llamar cordura, sino ¡«demencia» colectiva! En francés, esto se conoce como «folie a deux»: una demencia compartida por dos personas.

Pero podrían fácilmente compartirla diez, cientos, miles, millones, si no miles de millones, ya que todos compartimos la misma demencia.

Por lo tanto, no podemos entender realmente nada, ni acudir a nadie más para lograr un verdadero entendimiento.

Si en algún momento sentimos especialismo, juicio o separación, no deberíamos confiar en nada de lo que podamos concluir basados en estos sentimientos porque inevitablemente estaremos equivocado.

No tiene sentido tratar de entenderlo.

Pero sí tiene sentido que me desprenda de ello y dé cabida a lo que se puede ver, entender y amar.

Puedo intercambiar lo que ahora veo por esto, sólo con estar dispuesto a ello.

¿No es ésta una mejor elección que la que hice antes?


La forma en la que alcanzamos la visión es mediante la simple disposición de hacerlo.

Una y otra vez vemos a Jesús apelando al poder de nuestras mentes para «elegir»: visión o juicio, felicidad o desdicha, paz o dolor.

Lo que nos permite elegir de manera diferente es volvernos conscientes de que en realidad tenemos el poder de hacer esta decisión, y que este poder reside en nuestras mentes, no está en el mundo ni en el cuerpo.


Estos pensamientos no significan nada.


«Los pensamientos de los que soy consciente no significan nada porque estoy tratando de pensar sin Dios.»


Este es el fondo de la cuestión.

Representando a Dios se encuentra el Espíritu Santo, Jesús, o los pensamientos de estas lecciones.

Si no estamos pensando en armonía con estos pensamientos – es decir, si estamos abrigando resentimientos, pensamientos de ataque o necesidades de especialismo en la forma que sea.

En realidad «no» estamos pensando, y todo lo que resulte de no pensar también tiene que ser inexistente.

Recuerda, causa y efecto nunca están separados. Las ilusiones pueden meramente engendrar más ilusiones.

Lo que yo llamo “mis” pensamientos no son mis pensamientos reales en absoluto.


La razón es que se trata de “mis” pensamientos. Jesús desea que aprendamos que cada vez que digamos “esto es mío” o “esto soy yo”.

Y que cada vez que hablemos de “mis” pensamientos, percepciones o cuerpo, todo lo que sigue a partir de ello será erróneo porque los cimientos son la separación y el especialismo.

En el comienzo ontológico, el ego le dijo a Dios: “Esto es mío.

Este es «mi» yo, no el tuyo. ¡Ya no formo parte de ti y tengo razón!”

Esta actitud es siempre errónea porque la Filiación de Dios es una, y no puede haber una distinción verdadera entre los aparentemente distintos Hijos de Dios.

La creencia en posesiones personales o identidad especial es la tapadera para el Ser no especial e impersonal que todos compartimos con todos, «como» el Todo.


Mis pensamientos reales son los pensamientos que pienso con Dios.

No soy consciente de ellos porque he inventado mis pensamientos para que ocupasen su lugar.


Jesús repetidamente nos dice que hemos fabricado nuestros propios pensamientos para reemplazar los pensamientos que pensamos con Dios, y lo hemos hecho porque deseamos ser un “yo”.

Atesoramos la primera persona «singular» y la primera persona singular en posesivo.

Él no nos diría “esto es nuestro”, el ego nos dice “es mío”.


(4:6-8) «Estoy dispuesto a reconocer que mis pensamientos no significan nada y a abandonarlos. Elijo reemplazarlos por los que ellos tuvieron como propósito reemplazar.

Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario
Lección 51 de Un curso de milagros-Comentario

Mis pensamientos no significan nada, sin embargo, toda la creación descansa en los pensamientos que pienso con Dios.


Una vez más, Jesús nos está recordando que aquí tenemos una elección, y nos anima a que hagamos esa elección, que permitamos que nuestros pensamientos sean reemplazados por los pensamientos de Dios – Su Hijo tal como Él lo ha creado.

Nunca estoy disgustado por la razón que creo.


Nunca estoy disgustado por la razón que creo porque estoy tratando constantemente de justificar mis pensamientos.


Una vez que tomamos la decisión de ser un individuo y una primera persona posesiva en singular, constantemente estamos intentando justificar esa existencia.

Sentirnos víctimas

Este es el papel que juega la cara de la inocencia: no es mi culpa, y reúno a tantas personas como sea posible para justificar la percepción de mí mismo como una víctima.

Por cierto, esto nunca es difícil de hacer porque la inmensidad del mundo proporciona una cantidad casi infinita de objetos potenciales para nuestras proyecciones.

Además, lo que hace que esto sea interesante es que todos aquí estamos intentando justificar nuestra cara de inocencia, asegurando así que continuemos existiendo como individuos separados, «pero que sean otros los que sean responsables por ese pecado».

Por lo tanto, han de ser ellos quienes tienen que ser castigados por el pecado que ya no se encuentra en nosotros.


«Estoy tratando constantemente de hacer que sean verdad. Hago de todas las cosas mi enemigo de modo que mi ira esté justificada y mis ataques sean merecidos.

No me he dado cuenta del mal uso que he hecho de todo lo que veo asignándole ese papel. He hecho esto para defender un sistema de pensamiento que me ha hecho daño y que ya no deseo.

Estoy dispuesto a abandonarlo.»Jesús aquí está poniendo palabras en nuestras bocas, esperando que las mantengamos allí.

Ahora estamos decidiendo que nos alegramos de estar equivocados, y aún más felices al darnos cuenta de que hay alguien más dentro de nosotros que está en lo cierto.

Esto implica dejar ir nuestra ira, juicios y arrogancia; nuestra devoción al especialismo; y en última instancia nuestra individualidad.

Tiene que dejar de interesarnos el usar a otros como un refuerzo para defender la proyección, ubicándolos en la categoría de amor especial o de odio especial – objetos con quienes aparentamos unirnos o de quienes aparentamos separarnos.

De cualquier forma, la necesidad que tiene nuestro ego de demostrar su inocencia está siempre repleta de pensamientos de ataque y de juicio.

Culpar a otros

Haciendo que otros sean culpables de los pecados que hemos proyectado sobre ellos, esperando entonces mágicamente que podamos escapar del castigo usando esta dinámica mágica demente.

Ahora podemos estar felices de que podemos elegir de otra manera.”

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