La sanación de la mente.Cuarta Parte-Kenneth Wapnick

  • silvina 

La sanación de la mente.Cuarta Parte-Kenneth Wapnick.¿Por qué nos enfadamos?Siempre es posible discernir el significado de algo,dándote cuenta de adónde acaba llevándote.El punto dónde acabas es el objetivo que estableciste desde el principio,y todo lo demás se convierte en un medio para llegar allí.Así has acabado en que «yo soy el enemigo»,impaciente enfadado y dispuesto al juicio,y tú eres a víctima.

Ahí estás tú tratando de dar lo mejor de tí,y yo vengo y te hago esto.Tú acabas siendo la víctima inocente,y yo el victimario.Lo que se deriva de esta situción es que,si yo soy el enemigo,ya no tienes que escucharme.Una parte de tí se sentirá justificada,concluyendo que ya no tienes que prestar atención a lo que digo.La sanación de la mente.Cuarta Parte-Kenneth Wapnick

La sanación de la mente.Cuarta Parte-Kenneth Wapnick
Cualquier cosa que esté sintiendo es porque quise,lo he deseado,de otro modo no lo sentirías.Este es mi sueño.Lo difícil es mirar esto sin juzgarme.
Descubrir el muro de la disociación nos ayuda a ponernos en contacto con este muro.La culpa es el muro.Cuando dejamos de lado todos nuestros pensamientos de separación y juicio y el constante parloteo del ego ,cede. El Curso, si bien habla de la paz y nos invita en algunas de las lecciones del libro de ejercicios a experimentarla a través de aquietar nuestras mentes y quedarnos en silencio, realmente enfatiza el problema de nuestra resistencia y nos pide que lo examinemos. Y la resistencia se encuentra en todas nuestras proyecciones de culpabilidad y reproche por nuestra falta de paz en los demás, de modo que nunca veamos la culpa que abrigamos dentro de nuestra propia mente, que es el verdadero obstáculo para la paz. Como la sección a la que usted se refiere, "No tengo que nada", señala: “Tu camino será diferente, no en cuanto a su propósito, sino en cuanto a los medios. La relación santa es un medio de ahorrar tiempo.” (T.18.VII.5: 1 , 2). En otras palabras, el proceso del Curso consiste en perdonar nuestras relaciones especiales, todas las proyecciones externas de nuestra culpa interna que nos mantienen en conflicto y no en paz.
Si realmente quisiéramos estar quietos y en paz, lo estaríamos. La paz, después de todo, es nuestra herencia natural (T.3.VI.10: 1,2). Pero sólo nos permitimos vislumbrar brevemente la paz real, como observa en sus propias experiencias. No queremos mantener esa quietud debido a nuestro miedo a ella. Y así, el Curso nos lleva por un camino indirecto hacia la quietud, centrándose en la eliminación de las barreras que hemos colocado entre nosotros y la paz, en lugar de un enfoque directo, como la meditación, que tiende a ignorar nuestra resistencia y sus orígenes.
La sanación de la mente.Cuarta Parte-Kenneth Wapnick

Lo que nos ayuda a ir más allá del muro.

Lo que nois ayuda es darnos cuenta de lo bien que nos sentimos cuando escuchamos al Espíritu Santo,y lo mal que nos sentimos cuando cuando erigimos el muro.

Lo peor que podemos hacer es resistirnos a la resistencia o inventar técnicas para adelantarla….las técnicas no deshacen la resistencia.Reconoce que la resistencia está ahí,y permítete sentir sus efectos.La resistencia es el muro.Mirar al ego sin juzgar «es» mirarlo con humildad. El ego en su arrogancia nos haría retroceder con horror cuando nos damos cuenta de la magnitud de su engaño, maquinación y maldad. Este horror viene de la arrogancia de tratar de engañarnos para que pensemos que no tenemos ego, que somos más avanzados espiritualmente de lo que realmente somos, o que somos capaces de evaluarnos a nosotros mismos en absoluto.La sanación de la mente.Cuarta Parte-Kenneth Wapnick

Lo peor que podemos hacer es resistirnos a la resistencia
Para empezar, se necesita humildad para reconocer cuánto no queremos la paz de Dios, cuán firmemente nos aferramos a nuestro sistema de creencias, la búsqueda de nuestros intereses egoístas y nuestro especialismo individual. Reaccionar con asombro y consternación al reconocer esto proviene de la arrogancia. El Curso nos dice que es nuestra arrogancia lo que nos hace tener una imagen degradante de nosotros mismos, negando así nuestra verdadera identidad: “La arrogancia forja una imagen de ti que no es real. Ésa es la imagen que se estremece y huye aterrorizada cuando la Voz que habla por Dios te asegura que posees la fuerza, la sabiduría y la santidad necesarias para ir más allá de toda imagen.” (W.pI.186.6: 1,2).
Una de las líneas más repetidas en el Curso es "Soy tal como Dios me creó" (W.pI.94). En nuestra arrogancia, negamos esta identidad, decidiendo por nosotros mismos quiénes somos, qué hacemos y por qué. El ego incluso nos hace creer que la humildad es considerarnos a nosotros mismos como inferiores e indignos. El Curso nos enseña todo lo contrario. Se nos dice: “La humildad consiste en aceptar el papel que te corresponde en la salvación y en no aceptar ningún otro.” (W.pII.61.2: 3).
Nos pide que aprendamos a vernos a nosotros mismos junto con todos nuestros hermanos y hermanas como dignos del amor de Dios. De hecho, se necesita humildad para mirar «honesta pero calmadamente, sin juzgar»la arrogancia del ego, y luego, como se ha dicho a menudo, «sonreírle». Miramos al ego con humildad cuando estamos dispuestos a cuestionar nuestro punto de vista, nuestra interpretación y nuestra definición de nosotros mismos, de todos y de todo lo que encontramos. Si estamos dispuestos a dejar de lado nuestra interpretación, podemos salir de la postura arrogante del ego y aceptar la percepción del Espíritu Santo. Esta es la verdadera humildad.
aceptar la percepción del Espíritu Santo

Aunque el ego nos aseguró que estaríamos libres de culpa al proyectarnos tanto a nosotros mismos como a nuestra culpabilidad desde la mente, terminamos sintiéndonos culpables como cuerpos en un mundo de cuerpos de todos modos. Nos sentimos culpables cuando lo estamos haciendo bien porque en lo más profundo de nuestras mentes sabemos que lo obtuvimos todo de manera ilegítima. Y nos sentimos culpables cuando vemos que a otros no les está yendo tan bien, porque en un nivel inconsciente nos sentimos responsables de su sufrimiento y pobreza. Ello nos recuerda nuestra complicidad en un plan para tener un mundo de aflicciones y problemas irresolubles para que nunca recordemos que el único problema es que tomamos la decisión equivocada en nuestras mentes, y que simplemente podemos volver a nuestras mentes, guiados por Jesús o el Espíritu Santo, y ahora tomar la decisión correcta.Kenneth Wapnick

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