La oración centrante-Segunda parte

La oración centrante-Segunda parte.El modelo bíblico de espiritualidad pone el acento en el desarrollo de la unión con Dios aquí y ahora y en el trabajo al servicio de los necesitados.

Para hacer justicia al modelo occidental, tenemos que decir que había un cierto reconocimiento abstracto de la importancia del Espíritu Santo, pero estaba oculto en la instrucción catequética ordinaria.

La oración centrante-Segunda parte

La oración centrante-Segunda parte

En mi juventud se solía llamar al Espíritu Santo “el huésped olvidado”.

Es como si uno olvidara a la persona con la que ha estado casado durante cincuenta años y, el día que la familia celebra las bodas de oro, se preguntara qué hace en su casa esa persona extraña.


Este olvido de la presencia y la acción del espíritu Santo en nuestra vida no facilitó el camino espiritual.

Los cristianos se sentían inclinados a concluir: “Dejaré el camino a los monjes y las monjas de vida contemplativa”.

Y el corolario era; “Les escribiré una carta y les pediré que recen por mí”.

Entonces podríamos sentirnos libres para dedicarnos a nuestros asuntos con tal de profesar el credo y cumplir las obligaciones rituales exigidas.

Estábamos mal informados.

Un cristiano bueno y fiel es el que vive el Evangelio en la vida cotidiana, no el que sólo lee acerca de él o trata de
manipular a Dios para que satisfaga sus necesidades particulares.


En el modelo occidental de espiritualidad se transmitía con frecuencia la idea de que Dios nos recompensará siempre en nuestra vida por nuestras buenas obras.

Esta asombrosa muestra de ignorancia o de falsa interpretación del Evangelio justifica la creencia de algunos cristianos de que, como recompensa de su fe en Jesucristo, serán pudientes.

Y nunca tendrán que preocuparse por nada,que todas sus empresas serán bendecidas con el éxito con la tierra y que en su camino nunca tendrán que enfrentarse a ninguna prueba.

¿Qué libro de la Escritura sirve de base a una creencia de este tipo?


Esta idea popular afirma que si realizamos buenas obras como, por ejemplo, dar limosna, Dios nos recompensará aquí y ahora, y también en el cielo.

Poseeremos una bonita casa, disfrutaremos de un gran éxito profesional o en los negocios y realizaremos maravillas en nuestro ministerio.

El modelo bíblico no ofrece promesas de este tipo.

De hecho, las bienaventuranzas que expresan el ideal de la felicidad tal como Jesús lo presentó, enseñan que los más felices son los más perseguidos por causa de la justicia.

La recompensa del ciento por uno prometida por Jesús a los que renuncian a todo por su causa no se halla en el nivel del éxito material.

La figura principal de los salmos es claramente la persona que sufre aflicción por causa de Dios.

Los necesitados, los pobres, los oprimidos, los afligidos, constituyen el interés constante del salmista, que los presenta como una niña de los ojos de Dios.

La oración centrante-Segunda parte

La oración centrante-Segunda parte

Los salmos y los escritos de los profetas de Israel revelan el interés divino por el bienestar,la protección y la liberación de los que sufren cualquier aflicción por causa de Dios.


Cultivar el amor de Dios

La cuarta disposición que el modelo bíblico de espiritualidad presenta es la necesidad de cultivar el amor de Dios aquí y ahora más que el trabajar por una recompensa futura o por amontonar garantías celestiales.

Todo el síndrome de la recompensa y el castigo es una disposición hacia Dios que brota de una actitud que es normal en los niños, pero que se debería transformar en una actitud más madura en los adultos, si su educación religiosa fuera verdaderamente adecuada.

La mejor forma de impartir una verdadera educación religiosa es transmitir a los alumnos un método personal de oración.

Y la práctica de la virtud que les permita comprender la dimensión contemplativa del Evangelio, que consiste en ser guiados por las inspiraciones del espíritu Santo tanto en la oración como en la acción.

En lugar de preocuparnos de las garantías para la vida futura, tenemos que confiar en Dios y creer que si hacemos lo que podemos por amor y servir a Dios y al prójimo en esta vida.

Dios se preocupará del futuro.

¿Por qué desear un futuro que Dios no quiere para nosotros?

Tenemos que buscar cada vez más en el momento presente, que es de hecho el único lugar en el que se puede encontrar
a Dios.

Puesto que Dios es eterno, hay que buscarlo en el presente, no en el futuro.

Abba

Un método adecuado se tendría que concentrar en el trabajo que podemos hacer ahora para desarrollar actitudes cristianas maduras, especialmente una relación con la Realidad última a la que Jesús llama Abbá (Padre).

El Abbá está apasionadamente interesado por todas las criaturas, especialmente por los seres humanos, llamados a manifestar la bondad de Dios más que cualquier otro aspecto de la creación.

Dios es parte de la aventura humana.

A través de la encarnación, Dios muestra su identificación con la condición humana tal como es.

Es preciso que nuestra actitud hacia Dios esté gobernadapor esa revelación y no por alguna filosofía o por algún descubrimiento científico que podrían cambiar en la próxima generación.

Las actitudes del modelo occidental del “yo fuera de Dios” tendían a producir caricaturas de Dios.

Es posible que en la infancia hayamos recibido de los padres o de los maestros estas actitudes erróneas hacia Dios.

La instrucción religiosa bienintencionada pero mal concebida puede hacer que Dios parezca un tirano que exige una obediencia puntual a su voluntad, aun cuando sea arbitraria.

La oración centrante-Segunda parte

La oración centrante-Segunda parte


Por los mitos y los cuentos de hadas, los niños saben que hay tiranos. Un niño que ve a Dios como un tirano no querrá acercarse nunca a él, a no ser que se vea obligado a ello.


Dios no es un juez

Otra actitud que se puede comunicar a un niño es la de que Dios es un juez implacable cuyo martillo está siempre levantado para dar el veredicto de culpabilidad.

También aquí se presenta a Dios con rasgos de miedo e incluso de horror. Una tercera actitud es la del policía que siempre está acusándonos, siempre vigilante para pillarnos en cuanto cometamos la más mínima falta.

Siempre que ese niño piense en Dios emitirá el juicio emocional que dice: “Este Dios, digan lo que digan sobre
él en la iglesia, es peligroso.

Es un tirano, un policía que siempre me está acusando, y un juez siempre dispuesto a condenarme a las llamas del infierno”.

Estas actitudes persisten.

Es posible que ni siquiera la formación teológica afecte a las emociones que han grabado el programa de los primeros años de vida y condicionan decisivamente la capacidad personal para escuchar la enseñanza del Evangelio.

Este sistema de creencias es como llevar una cadena alrededor de los pies.

¡Pobre Dios!!

Dios tiene que hacer unos esfuerzos increíbles para disipar estas ideas insanas, que se podrían evitar si se alentara a los niños a desarrollar una relación de confianza hacia Dios que los padres y los maestros, con su bondad y su cuidado, tendrían que modelar y cultivar.

La vocación de los padres consiste en manifestar en la vida diaria la forma de amor que Dios tiene a sus hijos.

Ésta es seguramente una de las gracias principales del sacramento del matrimonio.La oración centrante-Segunda parte

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: