La nube del “no saber”-Tercera parte

La nube del “no saber”-Tercera parte.Cómo se ha de conducir una persona durante la oración respecto a los pensamientos,especialmente respecto a los que nacen de la curiosidad e inteligencia natural.

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La nube del “no saber”-Tercera parte


Es inevitable que las ideas surjan en tu mente y traten de distraerte de mil maneras.

Te preguntarán diciendo:


«¿Qué es lo que buscas?, ¿qué quieres?».

A todas ellas debes responder: «A Dios solo busco y deseo, a él solo».


Y si te preguntan: «¿Quién es este Dios?», diles que es el Dios que te creó, que te redimió y te trajo a esta obra.

Di a tus pensamientos: «Sois incapaces de captarle. Dejadme».

Dispérsalos volviéndote a Jesús con amoroso deseo.

No te sorprendas si tus pensamientos parecen santos y valiosos para la oración.

Con toda probabilidad te encontrarás a ti mismo pensando en las maravillosas cualidades de Jesús, su dulzura, su amor, su gracia, su misericordia.

Pero si prestas atención a estas ideas, verás que han conseguido lo que deseaban de ti, y continuarán hablándote hasta inclinarte hacia el pensamiento de la Pasión.

Vendrán después ideas sobre su gran bondad y si continúas atento, estarán complacidas.

Pronto te encontrarás pensando en tu vida pecadora y quizá con este motivo te podrás acordar de algún lugar en que viviste en tu vida pasada, hasta que de repente, antes de que te des cuenta, tu mente se habrá disipado por completo.

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La nube del “no saber”-Tercera parte


Y, sin embargo, no eran malos pensamientos.

En realidad eran pensamientos buenos y santos,tan valiosos que todo el que desee avanzar sin haber meditado con frecuencia en sus propios pecados, en la Pasión de Cristo, la mansedumbre, bondad y dignidad de Dios, se extraviará y fracasará en su intento.

Pero una persona que ha meditado largamente estas cosas ha de dejarlas detrás, bajo la nube del olvido, si es que quiere penetrar la nube del no-saber que está entre él y su Dios.


Por eso, siempre que te sientas movido por la gracia a la actividad contemplativa y estés determinado a realizarla, eleva con sencillez tu corazón a Dios con un suave movimiento de amor.


Piensa solamente en Dios que te creó, que te redimió y te guió a esta obra.

No dejes que otras ideas sobre Dios entren en tu mente. Incluso esto es demasiado.

Basta con un puro impulso hacia Dios, el deseo de él solo.


Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente,elige una palabra breve mejor que una larga.

Palabras tan sencillas como «Dios» o «Amor» resultan muy adecuadas.

Pero has de elegir una que tenga significado para ti.

Fíjala luego en tu mente,de manera que permanezca allí suceda lo que suceda.

Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz.

Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti.

Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que haces, respóndele con esta única palabra.

Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta «palabrita», acuérdate de que su valor estriba en su sencillez. La nube del “no saber”-Tercera parte

Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos.

Una buena exposición de ciertas dudas que pueden suscitarse respecto a la contemplación; que la curiosidad del hombre, su saber y su natural inteligencia han de abandonarse en este trabajo; de la distinción entre los grados y las partes de la vida activa y contemplativa.


Pero ahora me dices:

«¿Cómo he de juzgar estas ideas que actúan sobre mí cuando rezo? ¿Son buenas o malas?

Y si son malas, me extraña mucho porque despiertan grandemente mi devoción.


A veces son un alivio real e incluso me hacen llorar de pena ante la Pasión de Cristo o de mis propios pecados.


Por otras razones también estoy inclinado a creer que estas santas meditaciones me hacen un gran bien.

Por eso, si no son malas sino positivamente buenas, no comprendo por qué me aconsejas que las deje debajo de una nube del olvido».La nube del “no saber”-Tercera parte


Las preguntas que me haces son muy buenas y trataré de responderlas lo mejor que pueda.


Quieres conocer, en primer lugar, qué clase de pensamientos son, ya que parecen ser tan útiles.

A esto respondo: son las ideas claras de tu inteligencia natural que la razón concibe en tu mente.

A lo de si son buenas o malas, insistiré en que son siempre buenas en si mismas, ya que tu inteligencia es un reflejo de la inteligencia divina.

Son buenas, ciertamente, cuando con la gracia de Dios te ayudan a comprender tus pecados, la Pasión de Cristo, la bondad de Dios o las maravillas que obra a través de la creación.

Nada de extraño si estas reflexiones arraigan tu devoción.

Pero son malas cuando, hinchadas por el orgullo, la curiosidad intelectual y el egoísmo, corrompen tu mente.

Pues entonces has dejado a un lado la mente humilde de un sabio, de un maestro en teología y ascética para ser como esos sabios orgullosos del demonio, expertos en vanidades y mentiras.


Lo digo como una advertencia para todos.

La inteligencia natural se inclina al mal siempre que se llena de orgullo y de curiosidad innecesaria sobre negocios mundanos y vanidades humanas o cuando egoístamente anhela las dignidades mundanas, las riquezas, los placeres vanos, o la vanidad.


Me preguntas ahora: si estos pensamientos no sólo son buenos en si mismos sino que además pueden usarse para bien, ¿por qué los debo dejar bajo una nube de olvido?

Responder a esto precisa cierta explicación.

Comenzaré diciendo que en la Iglesia hay dos clases o formas de vida, la activa y la contemplativa.

La vida activa es inferior, y la contemplativa superior.

Dentro de la vida activa hay también dos grados, uno bajo y otro más alto.

Pero estas dos vidas son tan complementarias que, si bien son totalmente diferentes entre sí, ninguna de las dos puede existir independientemente de la otra.

Pues el grado superior de la vida activa se introduce en el grado inferior de la contemplativa, de manera que, por activa que sea una persona, es también al mismo tiempo parcialmente contemplativa.

Y cuando el hombre es tan contemplativo como puede ser en esta vida, en cierta medida sigue siendo activo.


La vida activa es de tal naturaleza que comienza y termina en la tierra.

La contemplativa, sin embargo, puede ciertamente comenzar en la tierra pero continuará sin fin en la eternidad.

Y ello porque la vida contemplativa es la parte de María que no le será quitada.

La vida activa, en cambio,se ve turbada y preocupada por muchas cosas, pero la contemplativa se sienta en paz con la
única cosa necesaria.


En el grado inferior de la vida activa la persona hace bien ocupándose en buenas acciones y obras de misericordia.

En el grado superior de la vida activa (que se funde con el grado inferior de la vida contemplativa) el hombre comienza a meditar en las cosas del espíritu.

Ahora es cuando debe ponderar con lágrimas la maldad del hombre hasta adentrarse en la Pasión de Cristo y los sufrimientos de sus santos con ternura y compasión.

Es ahora también cuando crece en el aprecio de la bondad de Dios y de sus dones y comienza a alabarle y darle gracias por las maravillosas maneras con que actúa en su creación.

Pero en el grado más alto de la contemplación -tal como la conocemos en esta vida- todo es oscuridad y una nube del no-saber.

Aquí uno se vuelve a Dios con deseo amoroso de sólo él mismo y permanece en la ciega conciencia de su desnudo
ser.

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