La nube del no saber-Sexta Parte

La nube del no saber-Sexta Parte.Una prueba de que los que piensan que el motivo más perfecto de la humildad
es la comprensión de la bajeza del hombre están en un error.


Créeme cuando te digo que existe la humildad perfecta y que con la gracia de Dios puede ser tuya en esta vida.

La nube del no saber-Sexta Parte
La nube del no saber-Sexta Parte

Insisto en esto porque algunos enseñan erróneamente que no existe mayor humildad que la ocasionada por el pensamiento de la desdichada condición humana y el recuerdo de la vida pecadora del pasado.

Concedo de grado que para los que están habituados al pecado (como yo mismo he estado) esto es muy cierto.

Y hasta que el gran orín del pecado mortal sea raído en el sacramento de la Penitencia.

Nada es más necesario y valioso en la enseñanza de la humildad que el pensamiento de nuestro miserable estado y de nuestros pecados pasados.

Pero esta actitud no es auténtica para quienes nunca han pecado gravemente, con pleno conocimiento y consentimiento.

Son como niños inocentes que sólo han caído por fragilidad e ignorancia.

Pero incluso estos inocentes,especialmente si están iniciados en el camino de la oración contemplativa, tienen motivos para ser humildes.

También nosotros, después de haber satisfecho adecuadamente y de habernos arrepentido de nuestros pecados en la confesión y habiendo sido arrastrados por la gracia a la oración contemplativa, tenemos motivos para ser humildes.

Algo que va mucho más lejos del motivo imperfecto que mencioné más arriba nos mantendrá humildes.

Pues la bondad y el amor de Dios es una razón tan por encima del propio conocimiento como la vida de nuestra Señora
está por encima de la vida del penitente más pecador en la santa Iglesia.

La nube del no saber-Sexta Parte
La nube del no saber-Sexta Parte
O como la vida de Cristo está por encima de cualquier otro ser humano; o la vida de un ángel, que no puede experimentar la debilidad humana, está por encima de la vida del hombre más débil de la tierra.


Si no hubiera otra razón para la humildad más que la pobreza de la condición humana, entonces me preguntaría por qué los que nunca han experimentado la corrupción del pecado habrían de ser humildes.

Pues, con toda seguridad, nuestro Señor Jesucristo, nuestra Señora, los santos y los ángeles del cielo están para siempre libres del pecado y de sus efectos.

Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo mismo nos llama a la perfección de toda virtud en el Evangelio cuando dice que debemos ser perfectos por gracia como él lo es por naturaleza.

Y así este llamamiento ha de incluir la virtud de la humildad.

Que un pecador verdaderamente convertido y llamado a la contemplación llega a la perfección del modo más rápido a través de la contemplación; que este es el camino más seguro para obtener de Dios el perdón del pecado.


No importa que el hombre haya pecado mucho, ya que puede arrepentirse y enmendar su vida.


Y si siente que la gracia de Dios le arrastra a la vida contemplativa (habiendo seguido fielmente la dirección de su padre y consejero espiritual).

Que nadie se atreva a llamarle presuntuoso por querer alcanzar a Dios en la oscuridad de esa nube del no-saber con el humilde deseo de su amor.

¿No dijo nuestro Señor a María, que representa a todos los pecadores arrepentidos llamados a la contemplación: «tus pecados te son perdonados»?.

La nube del no saber-Sexta Parte
La nube del no saber-Sexta Parte

¿Piensas que dijo esto sólo porque ella se acordaba siempre de sus pecados pasados?

¿O por la humildad que sentía a la vista de su miseria?

¿O porque su dolor era grande?

No, fue porque «amó mucho».


Graba bien esto.

Pues en ello puedes ver lo poderoso que es con la ayuda de Dios ese secreto amor contemplativo.

Es más poderoso, te lo aseguro, que cualquier otra cosa.

Pero, al mismo tiempo, María estaba llena de remordimiento, lloró mucho sus pecados pasados y estaba profundamente humillada ante el pensamiento de su vileza.

En el mismo sentido, nosotros que hemos sido tan miserables y habituales pecadores durante toda nuestra vida deberíamos lamentar nuestro pasado y ser totalmente humildes al recordar nuestro infeliz estado.

Pero, ¿cómo?

Sin duda el camino de María es el mejor.

Ciertamente nunca cesó de sentir un constante dolor por sus pecados y durante toda su vida los llevó como una gran carga secreta en su corazón.

Sin embargo, la Escritura testifica que su más hondo dolor no fue tanto por sus malas obras como por su falta de amor.

Si, y por esto desfallecía con un ansia y tristeza transidas de dolor que le llevaban casi al trance de la muerte, pues aunque su amor era muy grande a ella le parecía muy pequeño.

No has de sorprenderte por esto.

Es el estilo de todos los verdaderos amantes.

Cuanto más aman, más desean amar.

En su corazón conocía con absoluta certeza que era el más miserable de todos los pecadores.

Se daba cuenta de que sus malas obras le habían separado del Dios a quien tanto amaba y por eso mismo desfallecía ahora, enferma como estaba por su falta de amor.

¿Y qué hizo?

¿Piensas que entonces bajó desde las alturas de su gran deseo a lo hondo de su mala vida buceando en ese fétido cieno y en el lodazal de sus pecados, examinándolos uno a uno en sus mínimos detalles a fin de medir su dolor y sus lágrimas más eficazmente?


No, ciertamente.

¿Por qué?

Porque Dios mismo, en las profundidades de su espíritu, le enseñó con su gracia la inutilidad de esta actitud.

Con las solas lágrimas podría haberse despertado más pronto a nuevos pecados que a un perdón seguro de su pasado.


Por eso, dirigió apresuradamente su amor y deseo hacia esa nube del no-saber y aprendió a amarle, sin verle a la clara luz de la razón ni sentir su presencia en el goce sensible de la devoción.


Tan absorta estaba en el amor que con frecuencia olvidaba si había sido pecadora o inocente.


Si, pienso que se enamoró tanto de la divinidad del Señor que apenas se daba cuenta de la belleza de su presencia humana cuando estaba sentado junto a ella, hablando y enseñando.

Por el relato evangélico se diría que llegó a olvidarse de todo, tanto de lo material como de lo espiritual.

Que un verdadero contemplativo no ha de mezclarse en la vida activa ni preocuparse de lo que está a su alrededor ni siquiera defenderse contra los que le critican.


En el Evangelio de san Lucas leemos que nuestro Señor entró a casa de Marta, y mientras ella se puso inmediatamente a prepararle la comida, su hermana María no hizo otra cosa que estar sentada a sus pies.

Estaba tan embelesada escuchándole que no prestaba atención a lo que hacía Marta.

Ciertamente las tareas de Marta eran santas e importantes. (Son, en efecto, las obras del primer grado de la vida activa).

Pero María no les daba importancia.

Ni se daba cuenta tampoco del aspecto humano de nuestro Señor, de la belleza de su cuerpo mortal, o de la dulzura de su voz y conversación humanas, si bien esta podría haber sido una obra más santa y mejor.

(Representa el segundo grado de la vida activa y el primero de la vida contemplativa).

Pero se olvidó de todo esto y estaba totalmente absorta en la altísima sabiduría de Dios oculta en la oscuridad de su
humanidad.


María se volvió a Jesús con todo el amor de su corazón, inmóvil ante lo que veía u oía hablar y hacer en torno a ella.

Se sentó en perfecta calma, con el amor gozoso y secreto de su corazón disparado, hacia esa nube del no-saber entre ella y su Dios.

Pues, como he dicho antes, nunca hubo ni habrá criatura tan pura o tan profundamente inmersa en la amorosa contemplación de Dios que no se acerque a él en esta vida a través de esta suave y maravillosa nube del no-saber.


Y fue esta misma nube donde María dirigió el oculto anhelo de su amante corazón.

¿Por qué?


Porque es la parte mejor y más santa de la vida contemplativa que es posible al hombre y no la hubiera cambiado por nada de esta tierra.

Aun cuando Marta se quejara a Jesús, regañándole por no ordenarle que se levantase y la ayudase en la tarea…

María permanecía allí muy quieta e imperturbable,sin mostrar el más mínimo resentimiento contra Marta por su regaño.

Pero esto en realidad no ha de sorprendernos, pues estaba totalmente absorta en otra actividad, totalmente desconocida para María, y no tenía tiempo de comunicárselo a su hermana o de defenderse.La nube del no saber-Sexta Parte


¿No ves, amigo mío, que todo este incidente relativo a Jesús y a las dos hermanas era una lección para las personas activas y contemplativas de la Iglesia de todos los tiempos?

María representa la vida contemplativa, y todos los contemplativos deberían modelar sus vidas en la suya.

Marta representa la vida activa, y todas las personas activas deberían tomarla como su guía.La nube del no saber-Sexta Parte

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