a woman in winter clothing having fun in the snow

La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay

La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay.¿Es útil realmente tener un ideal en la vida? O, por lo contrario, ¿es perjudicial?

Inmediatamente la tendencia de todos es decir: «claro que es útil».

Pero, ¿por qué decimos esto?, ¿por qué tendemos a afirmar en seguida, a decir que sí es necesario y útil tener un ideal?

Si lo miramos con imparcialidad veremos que tendemos a afirmar eso por varias razones:

La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay
La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay


1) porque se nos ha enseñado así, y
2) porque todos vivimos con esa inclinación a adherirnos a un ideal.


Pero esto no es razón suficiente, no demuestra su utilidad.

Es preciso que examinemos con imparcialidad, con cierta objetividad los pros y los contras de tener un ideal.

¿Qué ventajas tiene el poseer un ideal?

Muchas.

Tener un ideal significa por de pronto que la persona tiene un objetivo que la dinamiza, lo mismo en su capacidad de acción, que de lucha.

Todas sus facultades se ponen en movimiento para conseguir tal objetivo.

Por lo tanto ya tenemos que el ideal se convierte en un elemento activador, actualizador de las propias capacidades, que quedan localizadas hacia ese objetivo concreto.

En este sentido el ideal estimula el actuar, vivir, experimentar y desarrollar las facultades.


Conocemos por experiencia que hay algunas personas que no tienen ideales.

Son personas apáticas, sin ganas de hacer nada, que viven en una especie de inercia, de abandono cada vez mayor.

A estas personas les falta tener algo por qué luchar, algo que defender.

Si lo tuvieran estas personas se animarían.

La experiencia demuestra que cuando se consigue que una persona acepte un ideal, inmediatamente se moviliza; la persona se yergue y empieza a actuar con mayor vigor.

La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay
La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay

Los inconvenientes del ideal.


Pero digamos también los inconvenientes que tiene el poseer un ideal.

Sí, aunque nos duela aceptarlo, podemos afirmar que tiene inconvenientes.


En primer lugar el ideal fija un límite en el camino, levanta una muralla.

Quiero ir a tal sitio y nada que no sea ese sitio me interesa, ni lo valoro, ni lo conozco.

Limita mi campo de visión, de comprensión, de valoración.

Por eso vemos, en general, que apenas podemos hablar a las personas, más que de las cosas que están dentro de la línea de su ideal.

Las otras cosas no les interesan, aunque sean quizá muy importantes.

Otro de los inconvenientes del ideal es que nos lo fijamos en un momento determinado, en un punto de la trayectoria de nuestra vida.

Y naturalmente, establecemos ese ideal de acuerdo con la valoración, las experiencias y las ambiciones de aquel momento; es decir, el ideal responde inevitablemente a lo que hemos vivido hasta entonces y a lo que somos en aquel instante.

Y el ideal así construido lo erigimos en el norte de nuestra vida.

No discutimos ahora si el ideal que nos forjamos era correcto o no.

Exponemos simplemente el hecho tal como sucede.

De aquí se deriva que casi siempre que nos fijamos en un ideal, en cuanto hemos conseguido una madurez algo mayor, deja de ser adecuado para nosotros.

Y se debe precisamente a que lo construimos según la perspectiva que teníamos en un momento dado.

Naturalmente, a medida que luego vamos viviendo, creciendo en todos sentidos, madurando interiormente, nuestras valoraciones cambian.

No es que entonces tengamos que pasar del blanco al negro; pero el blanco tiene muchos matices.

Así resulta que el ideal, cuanto más fijo y vigorosamente estaba instalado en nuestro interior, con mayor fuerza, empieza a convertirse en un enemigo del propio desarrollo, y de la propia plenitud.

Es un hecho importante, porque si yo me he fijado un ideal tan intensamente que no puedo cambiarlo.

O me cuesta mucho hacerlo por la fuerza y profundidad con que está incrustado en mi mente, entonces quedo todo yo supeditado al servicio de este ideal.

Ahora bien, si interiormente no me desprendo, sino que sigo estando ligado a él, a pesar de que se me ha quedado pequeño, entonces me encuentro limitado s, encerrado precisamente por mi propio ideal.

Si me cuesta tanto renunciar al ideal, es porque he ido asociando a él una serie de valores importantes, como la superación de mí mismo, la realización de la plenitud, tinos contenidos espirituales determinados.

La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay
La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay

Y dejarlo me parece que sería tanto como sacrificar todo lo bueno.

Todo lo positivo que le he ido asociando, como si con él me arrancasen todos los valores fundamentales de mi vida.

En estas circunstancias mi ideal se convierte para mí en algo que gravita sobre mi personalidad, la cual quizás está buscando algo de mayor amplitud.

O quiere mirar en otra dirección, o desea mayor profundidad.

Y, no obstante, se encuentra atada en sus movimientos por la fórmula ideal que hemos solidificado en nuestro interior.
No estoy hablando de cosas que pasan sólo alguna vez.

Si examinamos un poco nuestra vida, veremos que todos los desengaños que nos hemos ido llevando, todos, son producto de idealizaciones que teníamos hechas en nuestro interior y que no se ajustaban a la realidad.

Y esto nos ha ocurrido siempre, en todos los sentidos.

Entonces, ¿qué hacer?


Hemos visto que el ideal, aparte de sus ventajas, tiene el inconveniente de convertirse en una camisa de fuerza.

Pues lo que en un momento dado nos parecía un palacio o un traje real, llega un momento en que nos aprisiona, nos impide movernos y corta nuestra libertad interior.


¿Qué hemos de hacer?

Sí, el ideal nos reporta beneficios muy grandes, pero tiene también graves inconvenientes.

¿Qué camino podemos seguir?

Creo que es importante investigar a fondo, con más cuidado, con más sinceridad sobre este tema del ideal.

Pienso que es necesario llegar a ver cuál es la consigna, el sentido de la vida, cuál es el auténtico y único ideal de la vida, para poder prescindir de todos los demás.

Si nosotros pudiéramos tener una visión correcta de la verdad -de la verdad auténtica, con mayúscula- y de la razón de ser de las cosas.

Entonces nuestros ideales no tendrían que estar constantemente contradiciéndose, rectificándose, no nos veríamos obligados a volver siempre a revisarlos y por lo tanto a sufrir con esas continuas búsquedas y desorientaciones.


Nuestros ideales podrían ser escalonados, pero todos ellos en una dirección correcta.

El problema es precisamente éste: ¿cómo llegar a tener una perspectiva de la verdad que polarice, que dé un sentido correcto a nuestros pequeños ideales y a nuestro progresivo descubrimiento del verdadero ideal?

Esto lo podemos conseguir, pero no mediante la aceptación de una ideología.

Aunque mientras tanto podemos seguir adhiriéndonos a la que nos parezca mejor ya que sin ideal se nos hace más difícil vivir.

Pero al mismo tiempo tenemos que esforzarnos en investigar y en descubrir lo que está más cerca de nosotros mismos: la verdad de la vida que está en nosotros.

La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay
La necesidad de tener un ideal-Antonio Blay

No se trata de dar respuesta a una cuestión filosófica, sino de descubrir esa verdad de un modo real, directo, experimental, tal como experimentamos el gusto del azúcar, o el de la leche; se trata de una experiencia directa.

¿Cómo sabemos lo que es tener frío o lo que es tener hambre o sueño?

Pues con ese mismo carácter de evidencia, de experiencia inmediata que se incrusta en nosotros.

Y que vivimos desde lo más profundo de nuestro ser con la misma urgencia, con la misma claridad con que surgen de nuestro interior las ansias de vivir.

Y de defender nuestra propia existencia en un momento de peligro, así hemos de buscar la verdad de la vida.


Hemos de aprender a investigar, a acercarnos cada vez más a la respuesta de esa pregunta fundamental: ¿cuál es la verdad en mí?

¿Cuál es la verdad encarnada en mi vida?

Porque esto nos situará en una perspectiva, de momento quizá limitada, pero correcta, cierta, auténtica, que forma parte del trayecto y que está ya en dirección hacia el objetivo más amplio de la verdad total.

También hemos de aprender a buscar la verdad tal como se expresa a través de la vida que nos rodea.

Es cierto que la vida que nos rodea no podemos verla en sí misma.

Pero sí podemos percibir y observar sus gestos, sus movimientos, sus manifestaciones.

Y esto nos proporcionará los datos necesarios para deducir que de la misma manera que en mí la vida que yo siento se va expresando.

Y se manifiesta al exterior, también esos datos corresponden a la expresión de una realidad interior análoga a la mía o tal vez idéntica.


Entonces podremos ir descubriendo cómo funciona la vida, qué y cómo se va manifestando en el exterior.

Podremos ajustar un poco más nuestra perspectiva mental y descubrir el sentido que existe dentro de este conjunto de fenómenos que observamos en la vida interiormente y en sus manifestaciones externas.

Y así podremos empezar a ver claramente cual es el ideal.

Entonces los ideales concretos que nosotros podamos ir construyendo, por estar edificados sobre realidad, sobre este patrón auténtico de nuestra propia evidencia interior, se hallarán sobre buen camino.

Y como nuestra propia evidencia interior va cambiando con el tiempo.

De igual modo nuestra proyección del ideal se irá transformando paralelamente.

Pero ya no ocurrirá que yo acepte por una parte una ideología externa, aunque buena, y por otro lado me encuentre en una fase en la que mi experiencia interna vive en desajuste con el ideal propuesto.

No sobrevendrá esa separación, esa dualidad, sino que iré penetrando hacia el interior de todas las ideas.

De todas las formaciones intelectuales que me han sido dadas, seleccionando y asimilando aquellas que estén conformes con mi evidencia interior.


Y esto no es quitar valor a las ideologías.

Es precisamente dar la clave para encontrar el verdadero valor de esas mismas ideologías.

Porque la ideología solamente es válida y buena en la medida en que responde a la verdad, a la evidencia, no cuando es bonita, o nos gusta, o nos sirve para algo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: