El arte de soltar-Tercer encuentro

  • silvina 

El arte de soltar-Tercer encuentro.En términos psicológicos, la omnipotencia se llama ego. Es la parte nuestra que quiere suplantar a Dios. Quiere que las cosas se hagan a su manera, se enorgullece de sus acciones y no acepta el Gran Guión escrito por el Todo. Aquí tenemos, de nuevo, una dificultad que se confun-de con facilidad, aceptación con resignación. Muchas personas creen que aceptar el Gran Guión es resignarse, tirar la toalla. Es meterse en la cama y no mover un dedo. La cosa no es así. Es por mediación nuestra por lo que ciertas cosas se mueven en este mundo físico, somos los «hacedores». Esto, justamente, es lo que nos hace creer que somos los autores.

El arte de soltar-Tercer encuentro
El arte de soltar-Tercer encuentro
Es muy distinta la cabeza que piensa de la mano que ejecuta. Somos la mano que ejecuta; la cabeza que piensa es nuestra, pero no es nuestra. Como los pollitos de una granja: saben que tienen que comer granos, que hay otros muchos pollitos, que es de noche y es de día, ¡pero no se imaginan el inmenso tinglado que existe detrás de lo que perciben! Si el dueño de la granja resuelve no darles más granos o decide cambiarles de sitio, toda su vida se trastocará y no sabrán ni siquiera porqué…
El arte de soltar-Tercer encuentro
El arte de soltar-Tercer encuentro

Aceptar es bajar la cabeza ante aquello que viene de una fuente muchísimo mayor. Nos encontramos, de nuevo, con dos dimensiones. Una es personal: la vida que nos ha tocado, el cuerpo que nos ha tocado, la familia y el país que nos han tocado, las grabaciones que tuvimos que vivir y retener. En una palabra, el destino, la parte que nos ha tocado en el Gran Guión.

la parte que nos ha tocado en el Gran Guión
Es la lección personal que vinimos a aprender en esta vida. Es un guión escrito sólo para ti, la película de tu vida. Está interrelacionada con el Gran Guión, es una parte de él, uno de sus infinitos detalles, como uno de los incontables nudos de una alfombra. Si el nudo que tú representas no está bien atado o quiere «andar por libre», no hay alfombra. El ego hace que nuestro nudo quiera separarse de la alfombra y construir por sí mismo algo suyo, personal, separado: una alfombra de un nudo. Nunca lle-gará a ser alfombra, se quedará sola-mente en nudo…
Nunca lle-gará a ser alfombra, se quedará sola-mente en nudo
Nunca lle-gará a ser alfombra, se quedará sola-mente en nudo

Queramos o no que-ramos, formamos parte del Todo. Y si nos ha tocado un determinado papel, aunque no nos guste, es el que nos ha tocado, y mientras no lo acepte-mos, la vida será la de un nudo que-riendo ser alfombra… Este nudo que se niega a partici-par es el ego. Es el Diablo… el que lucha por el poder con Dios, porque no acepta el papel que le tocó y se quiere separar del Todo. En el fondo, es un simple malentendido, pues su alma añora estar incluida en la alfom-bra, como todas las almas, añora la Unión.

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