Clase 21 de Un curso de milagros.

  • silvina 

Clase 21 de Un curso de milagros.

El cuerpo la víctima inocente.

El cuerpo es el escondite del amor de Dios.
El cuerpo «es real» de esto nos ha convencido el ego,y utiliza esto como defensa
para que no recordemos nuestra verdadera Identidad.

Clase 21 de Un curso de milagros.
Convencidos ya de ser un cuerpo,totalmente identificados con el mismo nos olvidamos de que somos mente.

Ahora,el pensamiento de pecado, culpa y miedo ha encontrado un albergue en un cuerpo.
Ahora,el cuerpo asume las características de la mente para preservar nuestra individualidad pero librándonos del pecado.
Ese es el propósito que tiene este mundo y el cuerpo, nuestro cuerpo simboliza este
estado de separación :la culpa de la pecaminosidad en nuestras mentes ,trayendo esto como
consecuencia la vergüenza, la cual está asociada con nuestra persona y ciertas funciones
corporales.Clase 21 de Un curso de milagros
El cuerpo la víctima inocente

Al estar tan identificados con nuestro cuerpo físico sentimos angustia pues la asociamos inconscientemente con el castigo que creemos merecer por nuestra pecaminosidad.

La fragilidad del cuerpo asociada con este sentimiento de pecaminosidad ocasiona que nos identifiquemos más aún con él y sintamos la necesidad de protegerlo de hacerlo atractivo.

Desde nuestro nacimiento hasta la muerte aprendemos a lidiar como víctimas inocentes haciéndole frente a las duras realidades de la vida en un mundo hostil y amenazante el cuál queremos está más allá de nuestro control y responsabilidad.


El Curso se refiere a que vamos haciendo «ajustes» ante cada situación, por temor a que nuestras defensas se desmoronen y volvamos a experimentar ese sentimiento de desvalía.
La culpa inconsciente nos recuerda que somos criaturas desvalidas y vulnerables que caminamos aterrados en medio de un mundo el cual amenaza atacarnos y hasta aniquilarnos en cualquier momento.Clase 21 de Un curso de milagros

No hay pautas en Un Curso de Milagros para el comportamiento; es decir, «¿Qué debo hacer?» Jesús nos recuerda que el suyo es un curso acerca de la «causa» (la mente) y no del «efecto» (el cuerpo o comportamiento) (T.21.VII.7: 8). Por lo tanto, nuestra única función es pedir ayuda para sacar a nuestros egos del camino para que podamos ser libres de ser guiados en cualquier acción (o no-acción) que sea más útil y amorosa para «todas» las personas involucradas en la situación. La siguiente declaración es representativa de esta enseñanza tan importante del Curso: “Tu tarea no es ir en busca del amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has levantado contra él. No es necesario que busques lo que es verdad, pero sí es necesario que busques todo lo que es falso.” (T.16.IV.6: 1,2). Y así, antes de saber cómo debe (o no debe) proceder con su idea de comenzar un grupo, lleve al Espíritu Santo cualquier inversión de ego que pueda tener para formar dicho grupo. Cuando esté razonablemente seguro de que su ego está fuera del camino, entonces simplemente siga Su guía.

Qué sorpresa aprender, mientras nos abrimos paso a través del texto, que Jesús no nos está hablando acerca de purificar el cuerpo en absoluto. No podría serlo ya que el Curso enseña que el cuerpo es una ilusión. Y siendo una ilusión, no hay nada que tengamos que hacer con él o para él. El cuerpo no necesita ser purificado porque no es impuro. “No hace nada…no es ni corruptible ni incorruptible. No «es» nada.” (T.19.IV.C.5: 3, 4,5). Lo que es impuro son nuestros pensamientos, lo que significa que son nuestros pensamientos los que tienen que ser purificados, no el cuerpo. Y el método de «purificación» del Curso es el perdón; el perdón del único pensamiento de culpabilidad que nos mantiene separados del amor de Dios. El «proceso de purificación» del Curso se ilustra en esta cita:
“Ofrécele tus pensamientos, y Él te los devolverá en forma de milagros que proclaman jubilosamente la plenitud y la felicidad que como prueba de Su Amor eterno Dios dispone para Su Hijo. Y a medida que cada pensamiento sea así transformado, asumirá el poder curativo de la Mente que vio la verdad en él y no se dejó engañar por lo que había sido añadido falsamente. Todo vestigio de fantasía ha desaparecido. Y lo que queda se unifica en un Pensamiento perfecto que ofrece su perfección por doquier.” (W.pI.151.14).

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