QUÉ BUSCAS REALMENTE

Qué buscas realmente-Quinta parte

Qué buscas realmente-Quinta parte.¿Existe un modo correcto e incorrecto de actuar?
La acción correcta no proviene de la personalidad. Brota de la propia situación y, como tal, no deja residuo alguno. Del mismo modo que la respuesta está en la pregunta, así la solución a una situación reside en la propia situación.

Qué buscas realmente-Quinta parte
Qué buscas realmente-Quinta parte

Cuando la personalidad no dicte ninguna acción o, hablando estrictamente, reacción, te encontrarás completamente adecuado a la situación. La acción correcta es simplemente función.

Muy a menudo la intuición de la acción correcta no es agradable para la imagen que uno tiene de sí mismo, la cual, sintiéndose amenazada, duda y contiende con la intuición espontánea. Se necesita valor para que tenga lugar la abdicación de la persona.

¿Puede la acción correcta dejar residuo en los demás?


Es posible que la acción sea malinterpretada por aquellos que no ven la situación en su totalidad, que miran desde un punto de vista. Pero puedes estar seguro de que, tarde o temprano, se verá claramente como algo procedente de un fondo global. La simple función es armoniosa porque mana de la armonía.

Surge del amor.

La acción correcta tiene valor de momento a momento, no sólo en su consumación.

La intención proviene de la idea de ser un individuo separado. Cuando el ego se disuelve y uno se da cuenta de su infinita naturaleza, hay una gran gratitud.

La gratitud es agradecer el amor por el amor.

Esta rebosa en ofrecimiento, en compasión y amor por los demás. Pero la compasión y la piedad son cómplices del sufrimiento.

¿De dónde proviene el sentimiento de responsabilidad?


Cuando ofreces a los demás lo que profundamente eres, la responsabilidad no entra a formar parte del cuadro. Tu obrar está libre de deber, obligación o moralidad. Toda tu acción es espontáneamente responsable. Brota de la gratitud y el amor, pero no hay nadie que actúe, no hay ningún sentimiento de responsabilidad.

¿De dónde proviene el deseo?


Todo deseo es en última instancia la búsqueda de paz y, como tal, mana de la ausencia de deseo. Cuando algo deseado se alcanza hay un momento de ausencia de deseo sin sujeto ni objeto.

Más tarde, atribuimos este contento al objeto pero, en el momento mismo, no hay causa y efecto algunos ni perceptor ni percibido. Estamos en nuestro propio terreno. Todo deseo mana de la necesidad de estar permanentemente en nuestro propio lugar, en nuestra propia casa.


Lo que generalmente llamamos deseo es una superposición psicológica creada por el ego para su propia supervivencia. La mayor parte del deseo proviene de la memoria psicológica, esa fortaleza del ego.

Naturalmente, existe el deseo que viene del cuerpo mismo.

Este pertenece a la supervivencia biológica y es función natural.

La persona necesita experiencias para existir y procura repetirlas. El placer ofrece más seguridad para el ego que el dolor. En tanto te tomes a ti mismo por un vividor de experiencias, seguirás viviendo en el ciclo placer-dolor.

La consciencia sin objeto, tu verdadera naturaleza, es gozo sin experimentador ni experiencia. No está relacionada con el tiempo, la memoria, los sentimientos o las sensaciones, por lo que nada hay que repetir. Tú eres el huésped del gozo, no puedes imponerte a ti mismo.

El placer está siempre en la sombra del dolor.

En el gozo no hay contrapartida. El gozo no tiene causa ni objeto. Así como todo aparece en el gozo, también el placer aparece en el gozo. El gozo es el fondo del que emergen los opuestos, placer y dolor, y al que éstos se reducen. El placer mantiene a la persona mientras que el gozo la aniquila.

El gozo puede aparecer espontáneamente pero a menudo degenera en placer.

El gozo es global, pero aquello que se conceptualiza se hace sucesivo ya que no puede haber más de un concepto a la vez. El placer es fraccionario.

Qué buscas realmente-Quinta parte
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El gozo es multidimensional.

El placer tiene un principio y un fin, pero el gozo es continuo.

¿Cómo podemos manejar el conflicto cuando no podemos aceptar ciertas circunstancias de nuestra vida?


Desde el momento en que explores el significado apropiado de la palabra “entrega” saborearás la verdadera libertad, porque la entrega te libera del objeto, del sentimiento de depresión y conflicto y, al mismo tiempo, apunta a la apertura misma. Esa es la esencia de la entrega y es tu verdadera naturaleza.

La entrega requiere un verdadero reconocimiento de los hechos, afrontándolos directamente.

Debes aceptarlos y acogerlos de una manera científica, sin reacción ni juicio.

Aceptar no es un sacrificio ni un proceso de la voluntad. En la apertura que es inherente a nuestra naturaleza no hay un sujeto que acepta. La aceptación o entrega, por tanto, es pasiva en la ausencia de un director y activa en el sentido de que uno permanece supremamente despierto y alerta, preparado para lo que se presente.

Este silencio es simplemente esperar sin la ansiedad de la espera, y en esta apertura opera la más elevada inteligencia.
Sé consciente, date cuenta del reflejo de combatir, suprimir, cambiar, reformar o sublimar un problema.

Qué buscas realmente-Quinta parte
Qué buscas realmente-Quinta parte

Eso sólo te hundirá más y más en el conflicto. En la no-aceptación, permaneces involucrado en el objeto, atado a él. La apropiada solución a un problema sólo puede aparecer en la ausencia del ego, el perpetrador de gustos y disgustos.

A menudo el ego elude la solución que se presenta diciendo: “No me gusta. No me proporciona placer.” Es importante vigilar que, cuando la solución aparece, el ego no la robe y la oculte.


Al retirar el énfasis del problema y ponerlo en la aceptación, descubrirás que la presión se disuelve y la calma y la relajación vienen a ti.

Qué buscas realmente-Quinta parte
Qué buscas realmente-Quinta parte

Todo problema tiene su solución aún cuando la mente y su memoria no puedan comprender plenamente el problema o la solución. Al entregarte al problema, estás abierto a lo conocido y lo desconocido de la situación problemática y el entendimiento opera con frescura.

En la entrega silenciosa hay bendición y plegaria sin petición ni demanda.

No hay hacedor, experimentador, amante o amado. Sólo hay una corriente divina. Ves que el acto mismo de acoger es en sí la solución al problema y la acción que sigue a tu comprensión es muy clara. Cuando te familiarices con el acto de la entrega, la verdad te solicitará sin que la busques.

Qué buscas realmente-Cuarta parte

Qué buscas realmente-Cuarta parte.¿Por qué nos identificamos continuamente con conceptos?
Si suprimimos el por qué,nos daremos cuenta de que el por qué es un escape. Observemos en el mecanismo.

El por qué no aporta ninguna solución. Preguntas como “¿Por qué existe el mundo? o” ¿Por qué existo yo? jamás se pueden responder. Cuando el por qué llega a su fin, te encuentras fuera del círculo de la memoria.

Qué buscas realmente-Cuarta parte
Qué buscas realmente-Cuarta parte

¿Por qué nos resistimos a la libertad?


¿Quién se resiste? Observemos el mecanismo. En tanto vivamos en el gusto y disgusto, en la estructura dolor-placer, hallaremos resistencia. La satisfacción esencial llega cuando el perceptor pierde toda volición.

Cuando la atención pierde su captación, su carácter volitivo, lo percibido queda liberado y disuelto en el perceptor. Pero el perceptor debe primero estar libre de toda voluntad con el fin de que lo percibido se libere.

Qué buscas realmente-Cuarta parte
Qué buscas realmente-Cuarta parte

En la tradición cachemir, el perceptor es Shiva y lo percibido es Parvati, o Shakta y Shakti. Cuando Shakta retiene todavía residuos de voluntad y Shakti no está aún completamente liberado, tenemos ese momento que puede compararse con la “Noche Oscura del Alma” de San Juan de la Cruz, donde el objeto deja de interesarte pero todavía no está completamente desplegado.

La energía no está fluyendo libremente.Es un período terrible en el que la volición ha perdido su dinamismo, el mundo ha perdido su encanto, pero la energía no está plenamente integrada.

Es importante comprender que la resistencia es tan sólo una idea, la imagen de ser alguien está muy profundamente arraigada. Es la imagen la que se niega.

Observar el mecanismo

Cuando llegamos a ver el mecanismo, brota la energía liberada que nos lleva a ver las cosas con mayor claridad todavía y a vivir esta claridad.

Llegará un momento en el que sentiremos que todas las direcciones que hemos tomado para buscar la libertad, paz y felicidad nos han decepcionado. Entonces, el dinamismo de esfuerzo llega a un punto muerto y hay un pre-sentimiento de tu naturaleza real. Este pre-sentimiento procede directamente de lo que se presiente.


Con dicho pre-sentimiento, nos hallaremos espontáneamente orientados.

Toda la energía anteriormente gastada en buscar fuera por diferentes caminos será reorquestada.

Naturalmente, esto exige una cierta madurez. Pero una investigación con el más profundo interés nos llevará a dicha madurez. Esta aparece cuando nos cuestionamos la vida y vivimos con la pregunta sin interpretación ni conclusión.

Al llegar a cierto punto, la pregunta se disuelve en la respuesta de la que procede. En la pregunta está el pre-sentimiento de la respuesta.

Qué buscas realmente-Cuarta parte
Qué buscas realmente-Cuarta parte

Debemos explorar.

Explorar significa que lo ya conocido debe terminar. Debemos ser tan nuevos para la vida como un niño. Debemos acostumbrarnos a escucharnos a nosotros mismos y a cuanto nos rodea.

Interesarnos profundamente por nuestra propia historia. Afrontar nuestras reacciones. Cada vez que afrontamos nuestras reacciones, dejamos de ser cómplices de ellas y, sin combustible, éstas se desvanecen.

Generalmente, cuando dices “Conozco a esta persona, este poema o esta pintura”, lo que conocemos es sólo una reacción de algún tipo respecto a ella.

Pero, cuando vivimos libres de toda reacción, ¡nos encontramos a nosotros mismos en una nueva dimensión que siempre es interesante! Debemos hacer una elección en la vida, y esta elección debería ser vivir en la belleza.

Qué buscas realmente-Cuarta parte
Qué buscas realmente-Cuarta parte

La verdadera observación está completamente desprovista de ideales e ideas. Estar libre de intención es estar libre de dirección. Es ser multidimensional. No tiene nada que ver con la concentración que busca un resultado.

En la observación real, funcionamos como el científico que toma notas sin interferencia psicológica.

El científico como persona, como actitud, se halla completamente ausente y, en este vacío, la atención pura es como un imán al que las observaciones, a, b y c se ven, en cierto momento, atraídas como pedazos de metal. Del mismo modo, si tomamos nota sin análisis ni crítica, habrá una súbita toma de conciencia.

Al principio la sentiremos durante una reacción, después antes de la reacción y más tarde en el momento del impulso a reaccionar. Entonces llegará un momento en que nos veremos libres incluso del impulso a reaccionar.La observación sin reacción no puede jamás ser un pensamiento, una actitud que uno aprende.

No tiene nada que ver con el proceso analítico. Discurre por un canal completamente nuevo y la conclusión es instantánea.

Tal vez quieras decir: “Sé que yo no soy el cuerpo, los sentidos y la mente”; pero, antes de que realmente puedas decir esto, debes ver con claridad qué es lo que no eres.

A medida que escuchas más y más a tu cuerpo-mente llega una sensación de distanciamiento que nada tiene que ver con el desapego psicológico. En este espacio surge el pre-sentimiento de tu autonomía, de tu estar consciente.

Cuando haces de tu estructura psicosomática un objeto de observación, existe al principio una relación entre el hecho de observar y lo observado. Sin embargo, llega un momento en que el objeto de observación, tu estructura psicosomática, deja de recibir énfasis y entonces encuentras el énfasis en el propio hecho de escuchar.

Tú, no eres el cuerpo

Con ello surge el entendimiento de que tú no eres el cuerpo sino que el cuerpo, el objeto, vive en ti, en tu ser consciente. A esto me refiero cuando digo que lo observado está en el observador pero el observador no está en lo observado.

La creación está en Dios, pero Dios no está en la creación.

Cuando contemples un objeto, vuelve la cabeza y ve la fuente de la contemplación. Sé consciente de que tú eres la luz de toda percepción.

Esta fuente que uno se vuelve para ver, el sujeto último, ¿es la verdadera naturaleza de uno? El sujeto que se puede ver no . Lo que a veces llamamos el sujeto último no es otra cosa que silencio, sunyata, vacío de imágenes. Esta es la consciencia, la luz que brilla tras toda percepción.

Si vivimos superficialmente y nos damos cuenta de ello, podemos tomar conciencia de una profunda falta o incomodidad, de un malestar, al que llamamos aburrimiento.

Qué buscas realmente-Cuarta parte
Qué buscas realmente-Cuarta parte

Liberarse de las garras del ego

En lugar de afrontar estos momentos de aburrimiento, vamos de una compensación a otra en un intento de llenar el hueco. Pero, si afrontamos realmente estos momentos, si los percibimos de verdad sin justificarlos, conceptualizarlos o analizarlos, entonces, tiene lugar una transformación.

Debemos dejar que el aburrimiento continúe siendo pura percepción, sentimiento, sensación. La percepción es real y, si dejamos que se despliegue, florecerá en forma de quietud y apuntará a la consciencia.


Demasiado a menudo interferimos en la percepción y la calificamos, haciendo en seguida de ella un concepto. Un concepto no es algo real sino un producto de la mente y, como tal, no se puede enseñar nada ni apuntar a otra cosa que viejos esquemas mentales y memoria.

Si liberas la percepción de las garras del ego, descubrirás que la energía que estaba bloqueada, localizada en esquemas fijos, se libera y se reordena. Cada circunstancia es nueva cuando la mente no impone lo viejo sobre ella.

Cada situación, por tanto, requiere una reorquestación de la energía que sea perfectamente apropiada para la situación. En esta reorquestación, toda la energía que previamente se hallaba dispersa en la memoria, los hábitos y el tiempo psicológico se disuelve en nuestra presencia intemporal.

Qué buscas realmente-Tercera parte

Qué buscas realmente-Tercera parte.Maya puede ser muy sutil y engañosa y seducirte haciéndote entrar en maravillosos estados e intuiciones, pero tú permaneces en el mundo de la dualidad, sin llegar a ver nunca la verdadera naturaleza de la existencia.

Qué buscas realmente-Tercera parte
Qué buscas realmente-Tercera parte

COMPRENDER NUESTRA VERDADERA NATURALEZA

De modo que, si exploras lo que no eres sin el fondo inmediato de lo que eres, estás tomando un camino cuyo recorrido puede que lleve más años de los que llegue a alcanzar tu vida.

Pero, cuando el énfasis se halla en la apertura en sí, el objeto se vuelve transparente y su transparencia hace referencia directa a tu apertura no-objetiva.

Muy rápidamente comprendes que ésta es la verdadera naturaleza del objeto, de toda existencia, y dejas de encontrarte a ti mismo en un objeto supuestamente concreto para hallarte en este recibimiento.


No necesitas conocer los detalles del ego, sino sólo su naturaleza.

Si muerdes una fruta podrida, en seguida sabes que está mala, ¡no necesitas comértela toda para asegurarte! Nada nuevo se puede aprender persiguiendo lo conocido.

Los Padres del Desierto solían decir: “Conócete y olvídate a ti mismo.”En el momento en que la mente no interfiere, estás libre de ego. No hay necesidad de pensar en el ego. Al dar la bienvenida, ya estás en la totalidad .

La fe,no es creencia.

Al aceptar que eres consciencia estás abierto a una nueva dimensión. Es importante depositar fe en la verdad. Cuando lo que aceptes sea vital, te verás conducido a la prueba viviente. La fe debe ser informada, no ciega.

La fe no está más allá de tus posibilidades de conocer. Es conocer cómo afrontar los hechos desistiendo del deseo y la voluntad. No tiene nada que ver con dependencia, sino que te lleva a una autonomía cada vez más amplia.

El ego carece de toda concretitud, sustancia o continuidad.

Es una colección de pensamientos unidos por la memoria. La persona aparece cuando piensas en él. Cuando el cuerpo se despierta por la mañana, ya está ahí la conciencia.

Puede que no la hayas notado, pero así es. Esta conciencia no es un pensamiento, ni un sujeto ni una sensación. No encuentra concretización.

Momentos más tarde, el hábito asocia a la conciencia con un cuerpo y una personalidad. Y entonces dices: “Soy esto. Soy aquello.”


Podemos llamar a esto conciencia sin objeto, consciencia, el sujeto esencial o el “yo” incondicional. Este “yo” incondicional es la vigilancia que da la bienvenida a todos los parásitos de “esto y aquello”.

Qué buscas realmente-Tercera parte
Qué buscas realmente-Tercera parte

El pensamiento de ser una persona determinada limita la inteligencia innata de la mente y el cuerpo. Cuando estás simplemente alerta y disociado de tus hábitos de creer en una personalidad, entonces, todas tus capacidades pueden entrar en juego estimuladas por una situación.

Sólo hay acción, sin que actúe ningún actor. Entonces, funcionas mucho más imaginativa, amplia y eficazmente con toda tu inteligencia y talento

El ego, consciencia de uno mismo como individuo, es simplemente un concepto entre muchos. Creado por la sociedad, los padres y la educación, cristaliza como un complejo de datos y experiencias.

No existe ningún ego concreto que podamos describir sino, más bien, dos, tres mil “yos”.

Es posible que tengas un conjunto de características diferente del de tu vecino, pero esta colección de características no eres tú.

Cada “yo” corresponde a una situación distinta pero, puesto que la memoria retiene al “yo” largo tiempo después de que la situación haya pasado, los diversos egos se hallan frecuentemente en conflicto en esa colección que llamamos personalidad. No hay posibilidad de circunscribir el conjunto de “yos” memorizados y, cuando veas que éste no es un objeto, perceptible como otros, encontrarás que no es una constante.

La idea de un ego que ocupa un centro psíquico es una presunción.

Quítale todas las características, todo lo que tú mismo crees que eres, todo lo que es fenoménico, y ¿qué es lo que queda?

Nada, simplemente ser, quietud, presencia. ¿Por qué emplear entonces toda una vida explorando el reino del ilusorio ego y sus proyecciones?

¿Por qué no ir directamente a lo que eres?

Cuanto te hallas libre de la imagen de ti mismo sólo hay viveza, tranquilidad libre de agitación, solamente hay un escuchar de momento a momento. ¿Dónde queda sitio, por tanto, para una imagen, un sujeto y un objeto, alguien que conoce algo? En esta apertura, la función tiene lugar en tu conciencia pero no hay “yo” ninguno en dicha función.

La idea de un ego tiene millones de años de antigüedad. Deriva del deseo de distinguirte a ti mismo de los demás seres, de sentirte como una entidad independiente.

Una vez que te tomas a ti mismo por un individuo separado, sólo puedes encontrarte a ti mismo en relación con las cosas, con lo percibido. El ego necesita situaciones para su supervivencia y, cuando no hay acontecimientos, siente su inseguridad y trata de crear más.

Es por esto que no puedes vivir los momentos de quietud entre los pensamientos y las actividades.

Vives en supervivencia psicológica. Así pues, llega a conocerte a ti mismo tal como eres antes de que tu cuerpo despierte. Llega a conocerte a ti mismo tal como eres antes de nacer.

Primero da la bienvenida a todo lo que piensas que eres. Cuando aceptes plenamente todo lo que consideras como tú mismo, te encontrarás de pronto en apertura y verás que ésta, y no tus conceptos acerca de tu carácter y todo eso, es tu verdadera naturaleza. En la apertura, eres consciente de que todo lo que piensas, todo lo que aparece, no eres tú.

Qué buscas realmente-Tercera parte
Qué buscas realmente-Tercera parte

Cuando das la bienvenida a tu cuerpo, sentidos y mente, y encuentras que éstos no son más que objetos de tu percepción, que aparecen en ti, descubres una nueva dimensión detrás de tus creencias.

Serás absorbido por esta nueva dimensión y verás que lo que tomabas por ser tú mismo no es más que una expresión de lo que eres.

Entonces vives completamente integrado, consciente en tu totalidad.

Cuando sabes todo lo que no eres, lo que eres aparece instantáneamente y no es un pensamiento.No hay nada de lo que tomar conciencia. Cuando piensas en tomar conciencia, proyectas el no tomar conciencia. Cuando dices difícil, proyectas su opuesto, fácil. No hay destino, no hay interiorización.

Porque tú ves los pensamientos, sentimientos y sensaciones como algo que están dentro de ti, te identificas con ellos. Debes llegar a ver que el cuerpo es un objeto de observación exactamente igual que un árbol. Entonces no habrá dentro y fuera ni preferencia para la identificación. En el estado natural no existe lo interior o exterior.

Todo esto son conceptos. Simplemente permanece abierto a toda percepción. Las cosas aparecen en la apertura, apuntan hacia la apertura y se desvanecen en la apertura. No hay captación ni identificación. Sólo hay acontecimiento. Todo cuanto aparece apunta a tu verdadera naturaleza.

Qué buscas realmente-Segunda parte

Qué buscas realmente-Segunda parte.La persona, en realidad, no es más que persona, máscara, pero la palabra ha llegado a convertirse en sinónimo de la idea del individuo, entidad separada y continua. La personalidad no es la constante que nosotros imaginamos.

Qué buscas realmente-Segunda parte
Qué buscas realmente-Segunda parte

En realidad, no es más que una reorquestación temporal de todos nuestros sentidos, imaginación e inteligencia, de acuerdo con cada situación. No hay repetición alguna en la vida y cada reorquestación es única y original como el diseño de un caleidoscopio.

El error está en identificarse con la personalidad, en conceptualizarla en la memoria y después tomarnos a nosotros mismos por esta colección de imágenes cristalizadas en lugar de dejar que nuestras emociones, percepciones y pensamientos surjan y mueran en nosotros.

Qué buscas realmente-Segunda parte
Qué buscas realmente-Segunda parte

Estamos en el teatro, viendo nuestra propia obra en escena.

El actor está siempre “detrás” de su persona. Parece hallarse completamente perdido en sufrimiento, en ser un héroe, un amante, un pícaro, pero todas estas apariciones tienen lugar en la presencia global.

Esta presencia no es una actitud desligada, una posición contempladora. No es una sensación de estar separado, de estar “fuera”. Es la presencia de la totalidad, amor, de donde todo nace.

Cuando ninguna situación pide actividad, permanecemos en un vacío de actividad, en esta presencia.

Cuando ya no nos identificamos con la persona, ¿cómo afecta esto a la vida?


Lo primero que notas es cuánto más ricas y profundas son tus percepciones. La comunicación se vuelve mucho más variada. Generalmente, seguimos unos modelos fijos de comunicación pero, cuando vivimos en apertura, aflora una gran sensibilidad, una sensibilidad con la que nunca soñamos.


Cuando contemplamos lo que nos rodea desde la totalidad, nuestra estructura entera cobra vida. Ya no oímos la música sólo con los oídos. Cuando los oídos dejan de captar el sonido para sí mismos, sentimos la música con todo nuestro cuerpo, el color, la forma, la vibración. Ya no pertenece a un órgano específico. Pertenece a todo nuestro ser. Esto crea una profunda humildad e inocencia. La humildad es la única comunicación verdadera posible.
Uno vive entonces en una dimensión completamente nueva. Vivir con una personalidad es vivir restringido. ¡No vivas restringido! Deja que la personalidad viva en ti. Vivir en el entorno sin separación es de una gran belleza.

Qué buscas realmente-Segunda parte
Qué buscas realmente-Segunda parte

En estar atento y alerta, hay humildad.

Es receptividad, apertura a todo cuanto la vida trae. Allí donde no hay memoria psicológica ni acumulación de conocimiento, hay inocencia. Inocencia es humildad.


En situaciones íntimas o problemáticas, cada uno debe hablar con humildad de cómo se siente. Es simplemente una declaración de hechos, sin justificación ni interpretación alguna.

No debemos buscar una conclusión.

Si dejamos a la situación completamente libre de evaluación, juicio y apremio por llegar a una conclusión, aparecen muchas cosas que no pertenecen a nuestra memoria.


La humildad surge cuando no hay referencia alguna a un “yo”.

Este vacío es el factor curativo en cualquier situación. Heidegger dice: “Permanece abierto a la apertura.” Permanece abierto a la no-conclusión. En esta apertura, la situación ofrece su propia solución, y abiertos la recibimos.

A menudo, cuando la solución aparece, la mente entra y disputa con ella, la pone en duda.

Dado que tú permaneces siempre receptivo, todo aparece como un regalo y apunta a tu naturaleza real. Lo importante no es lo que apunta, sino la actitud receptora. En la receptividad, todos los objetos se desvelan y se trasmutan en amor.


Cuando alguien está siendo negativo y tú no estás dando pie a su negatividad, puede que él de pronto vuelva en sí. Es como si él estirase la mano para agarrar una manilla de puerta que él tiene la seguridad de que está allí y, al no encontrarla en ese sitio, toma súbitamente conciencia de su mano vacía. Entonces la situación ya no depende de una imagen. Depende de la observación misma.

Qué buscas realmente-Segunda parte
Qué buscas realmente-Segunda parte

¿Te gustaría ver tu entorno en paz?, ¿Estás tú en paz? Porque, antes de dar paz a tu entorno, debes estar en paz contigo mismo. En primer lugar, afronta tu falta de paz. Observa cómo estás constantemente en guerra contigo mismo, cómo eres violento y agresivo contigo mismo. En tanto que haya un ego, habrá guerra.

En tanto que tú pienses que eres una entidad independiente, habrá guerra, y será inútil intentar poner fin al conflicto a nivel social. Si no estás en armonía contigo mismo, sigues siendo un cómplice para la sociedad.

Tú eres tu propio entorno más cercano, de modo que éste empieza contigo mismo.

Cuando aprendas a mirar a tu más próximo entorno, automáticamente sabrás mirar al entorno más amplio. En este modo de mirar hay entendimiento, y el entendimiento trae consigo la actuación correcta.

En el momento en que alcances el entendimiento vivo, no necesitarás preguntarme a mí ni a ningún otro qué has de hacer.Donde hay un ego hay una finalidad. Y, cuando no hay sentido de “yo”, no hay finalidad.

La vida no tiene finalidad.

Sólo hay belleza en vivir en lo eterno. Si crees que eres el “yo” individual, estás aislado de lo que te rodea, y este aislamiento trae consigo sentimientos de inseguridad, miedo y ansiedad.

Entonces buscas objetivos. Te preocupas y anticipas. La vida no necesita de una razón de ser. Esa es su belleza.No hay pasado, presente ni futuro.

El futuro es un pasado proyectado y el presente es ya pasado en el momento en que piensas en él. Todo sucede en tu presencia, que es intemporal. El fatalismo es una actitud pasiva en la que uno se entrega a la situación, se identifica con ella. Pero tú no eres la situación, la película, sino la luz que ilumina y da vida a ésta.

Lo que tú llamas un accidente, destino, etc., está en la película pero tú, la luz no estás en ella.

El mundo se crea a cada momento a partir de todas las posibilidades. Todas las posibilidades están en ti… ¿por qué identificarse con una expresión concreta? Toda relatividad tiene significado tan sólo en tu totalidad.


Cuando sólo hay simultaneidad, entonces, todo sucede a cada momento. Pasado, presente y futuro se unen en la presencia. Sólo desde la consciencia, desde la globalidad, se puede ver la película en su totalidad.

De otro modo, permaneces atado a las fracciones, a las distintas imágenes, y te metes en cada escena. El contenido de tu vida es más de lo que tú conoces. Cuando hay claridad y discernimiento, tu atención y tu energía ya no son vividas ni se dispersan en imágenes.

Qué buscas realmente-Segunda parte
Qué buscas realmente-Segunda parte

La forma humana es un microcosmos del universo. Todo cuanto supuestamente existe fuera de nosotros existe, en realidad, en nosotros. El mundo está en ti y puede darse a conocer en ti como tú mismo.

Entones, ¿qué es este “tú”?


Como seres humanos relacionados con todos los seres vivos, debemos estar primero relacionados con nosotros mismos. No podemos entender, amar y recibir a los demás sin, en primer lugar, conocernos y amarnos a nosotros mismos.

Generalmente, sin embargo, pasamos nuestras vidas enteras dedicados a lo que evidentemente está fuera de nosotros sin mirar jamás a lo que está más cercano.

No dedicamos tiempo alguno a la lectura cuidadosa de nuestro propio libro, de nuestras reacciones, resistencias, tensiones, estados emocionales, tensiones físicas y todo lo demás.

Esta lectura no requiere sistema alguno ni tiempo especialmente asignado a la introspección. Implica solamente mirarse a sí mismo durante el día sin la habitual identificación con un centro de referencia individual, una imagen de yo, una personalidad, un propagador de puntos de vista.


Para enfrentarnos a nosotros mismos científicamente debemos aceptar los hechos como son sin acuerdo, desacuerdo o conclusión.

No se trata de una aceptación mental, de una aceptación de ideas, sino de algo completamente práctico, funcional. Sólo requiere estar alerta. La atención debe ser bipolar.

Vemos la situación y, al mismo tiempo, vemos cómo ésta hace eco en nosotros como sentimiento y pensamiento. En otras palabras, los hechos de una situación deben incluir nuestras propias reacciones.

Nos quedamos en el proceso científico, libres de juicio, interpretación y evaluación, únicamente atentos, en diferentes momentos del día, a nuestro terreno psicológico, intelectual y físico y a nuestro nivel de vitalidad. No existe motivo alguno ni interferencia de un “yo”, ni deseo de cambiar, crecer o llegar a ser.

La aceptación funcional no es moral. No hay necesidad de optar por un nuevo modo de vida que, inevitablemente, se convierte en un sistema como otro cualquiera.

Cuando la atención es bipolar, en un principio hay observación del así llamado mundo exterior pero con un énfasis en los movimientos internos. Después, estos movimientos, los gustos y los disgustos, se convierten a su vez en el objeto de exploración.

De este modo llegamos a intimar más con nosotros mismos, nos hacemos más conscientes de cómo funcionamos de momento a momento en la vida diaria. Cuando somos exploradores, el verdadero escuchar aparece automáticamente y en escuchar hay apertura, receptividad.

La exploración nunca se convierte en una fijación con una meta a alcanzar.

Permanece como una bienvenida que aporta originalidad y vida a cada momento.
Muchas terapias nos dicen que nos aceptemos a nosotros mismos pero esta aceptación psicológica, a través de diversos tipos de análisis, se refiere siempre a un centro individual.

En tanto que la idea del individuo permanece, hay un motivo escondido en la aceptación. No es una aceptación incondicional sino que está basada en un ideal, o una comparación, y siempre contiene un elemento de resignación.

La psicología cree en la existencia del ego y su tarea consiste en hacer éste más cómodo, fuerte e integrado. El que podamos organizar nuestra vida de manera más satisfactoria ya es algo, pero no puede haber jamás una vía que nos lleve más allá de lo conocido. Estos procesos nos mantienen interesados en el objeto por sutil que éste pueda llegar a ser.

En la aceptación funcional, el énfasis no está en lo que aceptamos sino en la aceptación misma. Nada hay para intentar añadir o sustraer de la vida que estás viviendo. Esta requiere tan sólo estar alerta para ver los hábitos del pensamiento y el modo en que éstos nos comprometen.

Cuando vemos que casi toda nuestra existencia es una repetición mecánica, automáticamente salimos del modelo para entrar en la observación.

Todos los intentos de cambiarnos a nosotros mismos se basan en la interpretación que supone la existencia de un intérprete pero, cuando no hay nadie para interpretar, ningún centro de referencia, el énfasis cae espontáneamente en la acción misma de tomar nota.

Qué buscas realmente-Segunda parte
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Es importante darse cuenta de que este observar sin un agente no es una actitud ni un estado.

El objeto no es interesante. La observación en sí tiene su propio sabor y no necesita adición alguna. Es la misma apertura, o bienvenida, que constituye nuestro ser natural.


Para entrar en relación con uno mismo y, de este modo, con el mundo, toda interferencia debe cesar.

Es el observador quien, proyectando constantemente conocimiento y deseos adquiridos, mantiene lo observado como objeto y de ese modo destruye toda verdadera comunicación, que es amor.

Con la desaparición del hábito de ser alguien que hace algo, sólo la atención desnuda queda y, a la luz de ésta, se hace claro el funcionamiento de proyección.

La mente recobra su sensibilidad y flexibilidad naturales y, al mismo tiempo, sentimos libertad en relación con nuestro entorno.

Qué buscas realmente-Segunda parte
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En la exploración abierta, en la que te aceptas a ti mismo científicamente, llegará el día en que te sientas completamente autónomo y realizado sin calificación

En la aceptación psicológica hay todavía alguien que acepta.

Hay un punto de vista, una elección o un motivo y objetivo. De modo que hay todavía complicidad, un interés creado en lo que supuestamente aceptas. Este interés te ata al objeto, la cólera, la ansiedad, los celos, el demonio, el héroe, Dios, etc., y tú permaneces funcionalmente pasivo con respecto a él.

Te sometes a él. Dices “Yo soy esto”, e intentas darle la bienvenida. La aceptación psicológica es una especie sutil de sacrificio.


La aceptación funcional es una postura completa mente no-afectiva porque está, desde el principio, libre de ego, es decir, libre de toda interferencia mental. Es principalmente activa.

Quiero decir con esto que hay una actitud completamente alerta en el hecho de tomar nota. No hay sumisión al objeto. Sólo hay bienvenida, sin análisis de ninguna clase.

En otras palabras: pasas directamente del proceso del devenir a la apertura misma.Pedagógicamente hablando, hay un abandono del énfasis en el objeto por el así llamado sujeto, la percepción en si.

El gran peligro, sin embargo, está en enfatizar el sujeto, hacer de él un objeto, de alguna manera sustancial, con lo que no harías más que asumir una actitud y hallarte de nuevo en el llegar a ser.

La verdadera aceptación es apertura libre de toda objetivización.La apertura es un estar alerta sin ninguna expectativa. La observación debe sencillamente permanecer con los hechos.

Qué buscas realmente-Segunda parte
Qué buscas realmente-Segunda parte

La observación no va dirigida al objeto; el objeto aparece en la observación. Cuando permites que los aspectos del cuerpo-mente aparezcan en tu atención multidimensional, éstos ascienden como la niebla que emerge del valle para ser consumidos por el calor del sol.

Nada queda que reprimir ni hay nadie que reprima. Es un modo de vivir completamente nuevo. Cuando vives en la apertura, todo aparece y desaparece en ella.

Qué buscas realmente-Primera parte

Qué buscas realmente-Primera parte.El deseo de cuestionar la vida viene de la propia vida, de esa parte de la vida que todavía está escondida.
La vida nos incita a preguntarnos.La cuestión “¿Quién soy yo?” aparece tan a menudo en nuestra vida y, sin embargo, nos apartamos de ella. Hay muchos momentos en que nos sentimos incitados a preguntar:

“¿Qué es la vida?, ¿Quién soy yo?”.

Tal vez hemos sentido, desde la niñez, una vaga nostalgia de algo “más”, un anhelo divino. Tal vez sentimos que la verdadera razón de nuestro nacimiento se nos escapa, nos pasa de largo.

Posiblemente nos hayamos llegado a aburrir con todas las formas que hemos utilizado para tratar de dar un significado a nuestra existencia: la acumulación de aprendizaje, experiencias y riqueza, búsquedas religiosas, asuntos compulsivos, drogas y demás.

O quizás nos estemos enfrentando a una crisis en la que ya no nos sentimos capaces de controlar la situación. Tal vez, sencillamente, nos aterre la muerte. Todos estos acontecimientos son oportunidades que no deben desaprovecharse.

Qué buscas realmente-Primera parte
Qué buscas realmente-Primera parte

¿Por qué evitamos la llamada a investigar?

¿Por qué evitamos descubrir lo que somos? En gran parte porque existe el profundo sentimiento de que investigar seriamente significa la muerte de algo a lo que nos aferramos, algo que es la idea que tenemos de nosotros mismos, la personalidad, el ego y todo cuanto le acompaña.

Pero también vacilamos porque, en realidad, no sabemos cómo hacer la pregunta, la sentimos ahí pero no podemos abordarla, la sentimos demasiado grande para nosotros, sentimos temor ante ella.

Lo asombroso de ello es que tanto una como la otra excusa pertenecen a nuestra sabiduría inherente, proceden de la respuesta misma. Prueban que ya sabemos más de lo que pensamos.

Qué buscas realmente-Primera parte
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El primer paso en la auto-investigación, por consiguiente, es ver lo cobardes que somos, cómo evitamos toda oportunidad de investigar de verdad, cómo rehuimos el anhelo o la sensación de carencia. Podemos reconocerlo intelectualmente pero, en realidad, no lo aceptamos.

Tan pronto como admitamos esta reacción, sentiremos que la vida nos incita a explorar en todo momento. La pregunta está siempre ahí, subyaciendo a nuestras actividades compensatorias.

Una vez hemos aceptado el desafío de la vida, necesitamos saber cómo formular la pregunta para que ésta tenga poder, pueda ser eficaz y no nos decepcione.

Debemos convencernos de que la pregunta nos llevará hasta la respuesta.

Nuestros cuestionamientos deben de servir para algo.
Para llegar a una auto-investigación verdadera hemos de tener claro cómo difiere ésta de otros tipos de investigación.

Nuestras preguntas de cada día presuponen, naturalmente, que las respuestas van a significar algo para nosotros, que estarán relacionadas con nuestra experiencia, con nuestra memoria.

Estas preguntas suponen un centro de referencia, un “yo” que pueda comparar e interpretar. La presunción de una respuesta al nivel de la pregunta es perfectamente válida en el mundo de referencia donde la comparación y la memoria son herramientas esenciales. Así es como nos comunicamos verbalmente.

Pero, cuando preguntamos “¿Quién soy yo?” estamos cuestionando este centro de referencia, cuestionando al cuestionador y, obviamente, lo que en cuestión se halla no puede dar una respuesta.

En este terreno de investigación, la memoria no desempeña papel alguno, ya que, ¿qué hay que se pueda comparar con el yo o con la Vida?

No podemos salirnos de ellos. Somos ellos.

De este modo nos vemos conducidos a una parada sin tener a dónde ir. Sencillamente no sabemos. Es posible pasarse toda la vida suspendido aquí, en los límites del concepto donde se encontró el propio Kant pero, lo que para el filósofo es el final de la investigación, para el buscador de la verdad es tan sólo el comienzo.

Porque éste es el momento en que, guiado por un presentimiento de la respuesta, uno pasa de la investigación espiritual a lo que podría llamarse la búsqueda sagrada, que es la respuesta.

La verdadera búsqueda comienza cuando este no saber deja de ser un concepto agnóstico y se convierte en una experiencia viva. Esto ocurre de repente, cuando el cese de los esfuerzos mentales se deja sentir realmente a todos los niveles, es decir, cuando se convierte en una percepción inmediata en vez de una mera cognición.

Cuando el estado de “no sé” es aceptado como un hecho, toda la energía que hasta ese momento era dirigida hacia “fuera” en su búsqueda de una respuesta, o hacia “dentro” en su búsqueda de interpretación, queda ahora liberada de toda proyección y conservada.

Qué buscas realmente-Primera parte
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En otras palabras, la atención ya no se dirige hacia el aspecto objetivo sino que regresa para descansar en su multidimensionalidad orgánica.

Esto se manifiesta como una súbita orientación, un desplazamiento en el eje de la existencia de uno, el fin de la búsqueda de respuestas fuera de la pregunta misma. El permitir que se explore plenamente el no-saber introduce al investigador en un reino nuevo. Es una nueva manera de vivir.

Es un estado de expansión a todos los niveles, una apertura a lo desconocido y, de este modo, al todo-es-posible.Las herramientas de la existencia, la memoria y el “yo”, vienen y van según se necesita, pero la presencia en la que vienen y van permanece.

La desaparición del centro de referencia ya no significa inconsciencia, un estado en blanco, una muerte. Existe el continuo de consciencia, la Vida, en la que todos los fenómenos aparecen y desaparecen.

Sólo en esto hay seguridad y realización absolutas. De ahora en adelante los residuos de formulación, de subjetividad, se hacen más económicos, alimentados por nada que se halle fuera de la pregunta misma hasta que los residuos de la Pregunta Viva se disuelven en la Respuesta Viva.

Tú eres el todo.

Sólo tienes que ver que tú piensas que eres una fracción.Simplemente observa el mecanismo. Por el hecho de verlo ya estás fuera de él. Puede que continúe por un tiempo, pero ya no es alimentado por tu participación. Este mecanismo está en ti, pero tú no estás en él.

En el momento en que lo ves, el reflejo ya no se ve enfatizado. Así, cuando lo ves claramente, ello te revela a ti como el que ve.Observa que sólo te conoces a ti mismo en constante producir, en memoria. Haces esto para la supervivencia de la imagen del yo.

Pon fin a toda proyección y permanece en una alerta receptiva. Es un estado pasivo-activo. En momentos libres de producción, hay apariciones espontáneas que finalmente reconocerás como tu ser, tu totalidad, tu presencia. Primero reconoces la quietud y, después, tú eres ella.

Te sientes como algo autónomo, es decir, no identificado con lo que te rodea.

Y entonces es posible la relación verdadera.Cuando vivimos libres de toda idea y proyección, entramos en contacto real con lo que nos rodea. Hablando desde el punto de vista práctico, por consiguiente, antes de que podamos relacionarnos con nuestro entorno debemos saber relacionarnos con lo que está más cerca de nosotros, el cuerpo, los sentidos y la mente.

El único impedimento para la percepción clara de nuestro estado natural es la vigorosa idea de ser un individuo separado, de vivir en un mundo con otros seres separados.

Tenemos una imagen de nosotros mismos. Esta imagen sólo se puede mantener en relación con otras cosas y, de este modo, hace objetos de cuanto nos rodea, amigos, hijos, cónyuge, inteligencia, cuenta bancaria, etc., y entra en lo que ella llama una relación personal con estas proyecciones.

La fantasiosa idea de un yo es una contracción, una limitación del ser real en su totalidad. Cuando esta noción muere, encontramos nuestra expansión, quietud y globalidad naturales sin periferia ni centro, sin exterior ni interior.

Sin la noción de individuo, ya no hay sensación alguna de estar separado y nos sentimos en unidad con todas las cosas. Sentimos cuanto nos rodea como acontecimientos en irrestringida totalidad.

Cuando nuestra pareja o hijos se van de casa o nuestra cuenta bancaria se desploma, es un suceso que tiene lugar en nosotros. La conciencia permanece constante.