Al rescate de tu Niño/a Interior-Primera parte

Al rescate de tu Niño/a Interior-Primera parte.Cuando eliminas corazas, anulas compulsiones por controlar: ser perfecto,evadirte, victimizarte; observas que son sólo máscaras que te permitieron sobrevivir, pero siempre hay una oportunidad de vivir sin el survivor
(sobreviviente) interno, sino desde el verdadero yo.

Eso le da un matiz y un color muy diferente a tu vida y a tus relaciones.


Estamos tan identificados con la máscara que nos protegió del dolor y del sentimiento de vulnerabilidad, tenemos tan pocos espacios para expresarnos y sentirnos seguros, aceptados y amados, que descubrir tu falsa personalidad.

Y dirigirla con amor para eliminar la rigidez, para permear otra energía y aprender a confiar en que tu yo adulto puede mandar poner al mando de tu vida al adulto y dirigir al niño herido con paciencia, sabiduría y amor.

Al rescate de tu Niño/a Interior-Primera parte
Al rescate de tu Niño/a Interior-Primera parte

Todos hemos escuchado que nuestras enfermedades son una expresión de algo emocional, un desequilibrio en partes más profundas, como son las emociones o las creencias.


Esas partes menos evidentes son el origen de muchas cosas que reflejamos a nivel físico. La forma del cuerpo, las enfermedades, las defensas. Todo tiene un origen más sutil, que de pronto ignoramos porque no es material.


Nos enteramos hasta que ya llega a lo físico, pero antes no lo conocemos ni lo percibimos.

Todo nace en nuestras creencias, decía Buda: “El universo se construye con nuestros pensamientos, con ellos creamos el mundo.”

Tenemos una personalidad configurada por sistemas de creencias que se expresan por medio de emociones que, a su vez, se manifiestan a través del cuerpo físico.

Éstos trabajan como capas en la personalidad, con un funcionamiento conectado pero independiente, por lo que tenemos un mayor
desarrollo a nivel emocional o mental, o más desarrollo emocional que físico.

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Cómo se forman las heridas

Para entender dónde se ubican las heridas de la infancia y cómo sanarlas es importante saber cómo se forma, qué es y cómo se nutre el cuerpo emocional,presente en todas las capas de la personalidad. Es una parte fundamental que expresamos desde los primeros momentos de vida.

Muchas veces, por muy claras que tengamos las cosas en nuestra mente, si en el cuerpo emocional hay nudos de dolor, ellos determinan la realidad, sin importar qué tan claro lo tengamos en nuestra mente.

Por ejemplo: si quiero poner un negocio y tengo los conocimientos y el dinero, pero en mis emociones domina el miedo por una fuerte creencia de que si fracaso todos se burlarán de mí y me dejarán de querer, el miedo lo malogrará todo.

El autosabotaje

Cuando esa creencia y esa emoción toman fuerza, y no eres consciente de eso, puede tener tanto peso en tu historia que se manifiesta por medio de un auto sabotaje o desánimo que intenta convencerte de que, en realidad, no lo deseas.


Desde lo más básico, el cuerpo emocional es nuestra parte más instintiva,impulsiva, irracional, simbiótica y sensorial. Busca satisfacer sus necesidades de manera un poco animal, casi desde la supervivencia.

Cuando vemos a dos personas dándose de golpes o peleando por comida, actúa el yo emocional,que es más arcaico.

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Cuando vivimos desde el niño herido

Sin embargo, el cuerpo emocional también expresa emociones de belleza y amor muy sutiles; son más maduras y nos permiten conectarnos con la vida desde la alegría y el placer.

En todo hay una dualidad: una parte oscura, instintiva y burda, y un lado luminoso, armonioso y sutil. Esto depende de nuestro nivel de madurez y desde dónde nos manifestamos.

Cuando vivimos desde el niño herido, nos sentimos enojados,celosos, envidiosos, rencorosos, etcétera; y, en cambio, cuando nos
expresamos con el verdadero yo, somos generosos, amorosos, divertidos,empáticos.

Nos permite reconocer qué nos hace bien y de qué debemos protegernos.

Nos guía en el camino de la vida y nos deja sentir lo bella y profunda que es.

Si estamos junto a la persona que amamos y nos sentimos uno con él o ella,vivimos ese sentimiento de amor mediante el cuerpo emocional; y también un profundo dolor cuando nos sentimos traicionados.

Al rescate de tu Niño/a Interior-Primera parte
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Gracias al cuerpo emocional sentimos el poder del amor, el impacto de la música, lo transformador de la belleza, la presencia de Dios y de lo sagrado en la vida; asimismo, las emociones más instintivas, como los celos o la envidia, o las más sutiles, como la compasión y el amor.

Todas se alojan en el cuerpo emocional.

Sin él, la vida sería plana, sin emotividad, robotizada, puro deber, pura racionalidad.

¿Cómo madura el cuerpo emocional?

Empieza desde niño, ante el contacto, la expresión y el entendimiento de lo que siente acompañado de los padres; eso le permitirá ganar terreno y manejar mejor esa parte de sí.

Cuando somos niños y no tenemos afecto ni sentido de pertenencia y estructura básica, nos sentimos abandonados y rechazados. El dolor de estas heridas se traduce en vergüenza, sentimiento de falta de amor por la persona que soy; sentirse inadecuado e inseguro.

Este sentimiento interno hace sentir que algo en mí está mal y me rechazo.


Un niño piensa: “Seguro mis padres no me abrazan porque algo está mal en mí.” “No soy una persona valiosa porque mi padre no quiere verme.” “No soy importante por eso mi mamá no quiere jugar conmigo.”

Esta vergüenza va directo al ser del niño, al: yo no soy valioso, soy un error, entonces el niño empieza a sentirse ansioso por miedo a no ser visto.


El contacto de los padres es muy necesario, así que el niño se vale de sus recursos para obtenerlo.

Desde la angustia del abandono o el rechazo,empieza a actuar de diferentes modos para llamar la atención de sus padres;manifiesta formas de ser y actuar que sacrifican al verdadero yo en un intento de ganar valor y llenar las necesidades de contacto.

A veces actúa como adulto, se enferma, se muestra rebelde. Como niños, medimos la reacción de los padres ante ciertos comportamientos y verificamos si funcionan o no.

A veces un regaño, golpes, un grito, dan al niño la garantía de ser visto, lo cual, aunque suene raro, es mejor que el vacío y ser ignorado.

Los padres, por medio de su afecto, su tiempo, su presencia, nos dan un luminoso espejo que nos hace mirarnos valiosos y merecedores.


Y cuando están ausentes, el espejo donde nos miramos se rompe. Para un niño, no ser visto por sus padres y la ausencia de seguridad, afecto y protección, son como estar en peligro de muerte.

Es un tema de sobrevivencia.

El vacío y la ausencia de los padres provocan una enorme angustia en el hijo, pues no tiene recursos de ningún tipo para salir adelante solo. De manera que intenta todo para que sus padres lo vean, aunque sea sacrificándose.

Siempre elegimos, incluso cuando somos niños, con base en nuestro temperamento, un recurso con el que cada uno viene a esta vida y nos permite reaccionar de una u otra forma.

Por eso en una familia con tres hermanos que presencian la misma discusión de sus padres, cada uno toma decisiones diferentes aunque la realidad sea la misma. Uno decide salir de la habitación,otro entrar a la discusión y el otro seguir viendo la televisión.


Las decisiones que tomamos suelen ser de tres tipos: rescatar, evadir y llamar la atención.

Cuando elegimos rescatar, nos convertimos en los padres de nuestros padres. Desde nuestra intuición y sabiduría de niños, sabemos qué hacer, nos vamos convirtiendo en consejeros, paño de lágrimas, aliados del padre o la madre, buscamos cariño y aceptación, nos sacrificamos por ellos, haciendo todo para complacerlos.

Rescatar


Cuando elegimos rescatar a nuestros padres, sacrificamos nuestras necesidades por las de ellos. Crecemos con la angustia de que ellos estén bien y nada les pase.

Rescatar se convierte en una compulsión y una manera de evadir las propias necesidades. Ésa es la esencia de la codependencia: una forma de desplazarse por otros.

Primero, por los padres y después por la pareja, y si la humanidad entera lo permite, por qué no, todo con tal de ser vista,reconocida, aceptada por todos, excepto por ti.

Al rescate de tu Niño/a Interior-Primera parte
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Te condenas, como persona a ser esclava del rescate, ya que nunca llenas tu cuerpo emocional herido. La única manera de repararlo es que ese reconocimiento, esa relación con tu vulnerabilidad, ese respeto y amor por quien eres, venga de ti para ti; que vuelvas a ti y cures las viejas heridas de tu cuerpo emocional para recibir de ti y de los otros el amor que sí cura.


Rescatas a la niña que fuiste proyectando en tus padres o en uno de ellos en tus relaciones actuales de manera inconsciente; esperas que algún día ese padre o esa madre imaginarios estén completos para ti. Ésa es la fantasía del niño interno.

Evadir


Cuando elegimos evadir, nos vamos a un mundo paralelo, buscamos algún medio para no sentir lo que pasa con nuestros padres, negamos el dolor y el conflicto que nos provoca.

Cuando evadimos, nos anestesiamos emocionalmente, nos sentimos ajenos a la situación, perdemos identificación con esa familia, lo que genera falta de pertenencia a todo. Como una soledad crónica, en la que no soy parte de nada.


Podemos evadirnos mediante el estudio, los videojuegos, las drogas, la música, las fiestas, los amigos, etcétera. Hay muchas formas de lograrlo y dejar de sentir esa ausencia tan dolorosa.

Esta decisión la tomamos para sobrevivir, pero tampoco llenará nuestras necesidades de contacto. Es algo que elegimos para sobrevivir, nos hacemos solitarios, arrogantes, exitosos, pero con poca capacidad de intimidad.


De niño puedes evadirte en los videojuegos, en la música, ir a tu propio mundo. Recuerdo a una paciente que sus padres la encerraban en el ropero cuando se portaba mal.

Para evadir el miedo y el dolor de semejante castigo,se contaba historias para alejarse de la realidad hasta quedarse dormida. Hoy parece vivir siempre en sus fantasías, le cuesta poner atención. Cuando vive algo que no le agrada, simplemente se desconecta.

Al rescate de tu Niño/a Interior-Primera parte
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Eso que la salvó en la infancia hoy la incapacita para la vida. Es como si se metiera al ropero aquí y ahora.

Llamar la atención


Para un niño es otro recurso. Llamar la atención busca satisfacer la necesidad de contacto. En psicoterapia lo llamamos el chivo expiatorio o el paciente identificado, que actúa el problema de la familia.

Parece que es quien tiene el problema de mala conducta en la escuela, o de drogas, cuando en realidad manifiesta el problema familiar que no le permite llenar sus necesidades afectivas.

Llamamos la atención siendo rebeldes, enfermándonos, lastimándonos con el alcohol o las drogas, de manera destructiva, pero
también siendo perfeccionistas, muy maduros, sacando buenas calificaciones.


Haciendo cosas que no corresponden a nuestra edad. Hay muchas formas de gritar y decir: ¡Véanme, aquí estoy!

Soltar la identidad infantil falsa

Las decisiones que tomamos llenan nuestras necesidades afectivas, hacen algo para compensar lo que está mal en nosotros. Es lo que podemos hacer como niños y se convierte en una forma de identidad.

“Yo soy el mediador de mis padres.” “Yo soy quien complace a mi madre para que sea feliz.” “Yo soy el hijo-problema.” Se crea una identidad en la que se olvida quién es la persona en realidad.

Esto funciona cuando eres niño de cuatro, seis u ocho años, porque son los únicos recursos que posees. El problema es que
crecemos con la idea de que es la única manera de “llenar” nuestras necesidades.


Ahora eres un adulto, hay cientos de posibilidades más, pero no las conoces y aún utilizas los recursos que le sirvieron al niño que fuiste, porque estás completamente identificado con ese rol.

Hay otros recursos que en verdad pueden llenar tus necesidades de afecto y contacto. El mayor problema es olvidar lo que necesitas y quién eres en realidad, sin esos recursos de evasión, rescate o para llamar la atención.


Por eso, hoy que eres adulto te sientes un adulto-niño, porque hay heridas profundas que, de pronto, ponen tu niño a flor de piel y no te permiten sentirte amado, merecedor, valioso y en paz con quien eres, tal cual eres.

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